Me he mudado



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martes, 17 de enero de 2012

Las claves del Facebook

Tengo una duda que me come-come por dentro desde hace tiempo y quiero consultarla con vosotros. Como sabéis, ando sin novia desde hace tiempo pero se que muchos de vosotros si tenéis pareja, novio/a, esposa/o... y me asalta una duda. ¿Vuestra pareja tiene vuestra clave del Facebook? Es más ¿Tenéis un Facebook cada uno o usais una en plan "Luis y Antonia", conjunta?

No sé quizás es culpa mía y por eso estoy aquí solo y sin pareja porque lo normal es compartir en una relación de pareja hasta la rúcula que se queda entre los dientes (entenderéis esto dentro de un rato) pero yo creo que en toda relación es necesaria una pizca de intimidad, que no se puede uno convertir en un extra de la otra parte o formar un conjunto inseparable. Y creo que en parte esto del Facebook es un comienzo que luego debe llegar, a mi modestísimo entender, incluso a las cuentas bancarias.

A ver, pongo como ejemplo Facebook por ser algo muy común, pero extendible a todo lo informático: twitter, messenger, SMS y, sobre todo, correo. ¿Vuestra pareja puede hurgar libremente en vuestros correos electrónicos? Vale, es una muestra de confianza que te cagas, las quieres hasta el infinito y más allá y no tienes nada que ocultarle. Ni ella a ti, porque os queréis mucho, como la trucha al trucho. Pero ¿de verdad no hay nada que ocultar? Hablamos de correos o redes sociales.

Esa amiga del curro con la que tenéis un cachondeo importante, sin ningún tipo de malicia, pero que un día le da por mandarte un DM al Twitter diciendo que lo pasó muy bien contigo ayer y que hay que repetir. Que lo que hiciste fue sólo echar una partida al Scrabble con los iPhones a través del GameCenter y punto, pero así dicho la cosa queda regular, que Twitter es muy traicionero, y hay que andar con explicaciones, cosa que te ahorras si tu señora esposa o novia no lee tus cosas, que al fin y al cabo son tuyas.

Voy con otro ejemplo más práctico. Esposo friki total de StarWars. Ha salido la edición mega-coleccionista con 18 BD y una estatua de Yoda a tamaño natural donde guardar los discos y que habla cada vez que te acercas. El "problema" es que sólo la venden en un pueblo recóndito de Oklahoma. Vale una pasta indecente, más unos indecentes portes desde Oklahoma a Bollullos del Condado. Pero a ti te da igual. Te recuerdo que lo quieres como la trucha al trucho, así que para celebrar vuestro primer aniversario de boda decides regalárselo. Obviamente contactas con Oklahoma vía mail, que es más barato que una conferencia. Problema: el accede a tu cuenta y tachán, pilla un correo donde se entera y a tomar viento fresco la mega-sorpresa. Cachis.

Y con esto vamos al siguiente punto: hay que pagarla. Pero claro, os queréis tanto tanto y lo vuestro es tan para siempre que sólo tenéis una cuenta bancaria de donde salen los gastos y tarjetas asociadas a esa cuenta. Llega la hora de pagar a la tienda y al segundo tu querido esposo recibe un SMS diciendo "edición megacoleccionista+Yoda tamaño natural abonado. Cargo: una pasta indecente". Igualmente se entera.

En fin, que todo esto me lleva a la misma conclusión a la que he llegado siempre. Por mucho que queramos a nuestra pareja, creo que una parcelita de intimidad no viene nada mal. Un poder cotillear y contar cosas a mi amigo que vive en Copenhague sin que se entere nadie, un poder sorprender, un poquito de independencia... que hay veces que ves parejas que no sabes si son una pareja o un cuerpo con dos cabezas. Dos cabezas que, además, piensan exactamente igual. Un poquito de por favor.

Y para suavizar este tochaco, os dejo unos videos que encontré el otro día navegando por YouTube. Se trata de una miniserie llamada Perestroika y estos pequeños videoblogs me han parecido geniales. Viendo el primero entendereis lo de la rúcula del principio. "Jose es un tío de ensalada. Le pega mogollón pedir una de rúcula, mogollón". Espero que os gusten tanto como a mi.


domingo, 8 de enero de 2012

Conocer a la gente

Hay mucho gilipollas suelto por el mundo. Es algo que todos sabemos, pero a veces nos despistamos un poco hasta que te encuentras con uno de frente y volvemos a ser conscientes de ello.

En ocasiones me he preguntado, incluso llegué a pensar escribir un post, cuanto se llega a conocer a la gente en twitter. Creo que te puedes hacer una idea de como son las personas a través de esa sucesión de mensajes de 140 caracteres. No del todo pero puedes intuir ciertas cosas. Y si a eso le unes que esa persona tenga algún tipo de blog, facebook o llegues a intercambiar algunos mensajes más extensos via e-mail con esa persona, pues pensaba que te hacías una idea bastanta aproximada de la realidad.

Y es cierto que conoces una pequeña parte, pero sólo eso. Esa que, en el fondo, es la que dejamos ver. Porque por muy sinceras que sean esas palabras, por muy personal que sea ese blog, realmente no ves más que esa parcela que dejamos visible. Puedes compartir años de amistad, incluso de relación de pareja con alguien, y no llegas a conocer del todo a esa persona que tienes a tu lado y con la que has compartido conversaciones intensas y completas hasta durante horas, ¿cómo vas a conocer realmente a alguien por unos twits?.

¿Creéis conocerme gracias a este blog, al blog de Marta y a mi twitter? ¿Os considerais capacitados para valorarme y juzgarme? Os puedo asegurar que no. En el fondo, conocéis sólo una parte de mi. No quiero decir que conozcáis la mejor versión de Dani, también habéis visto bastantes malos momentos. Conocéis una parte de mi, pero os garantizo que hay mucho que no sabeis. Ni de mis miedos, ni de mis alegrías, ni de mis inquietudes... conocéis mucho, puede que incluso cosas que gente que me rodea no conoce, pero también hay muchas cosas que la gente que me rodea sabe de mi y que vosotros dificilmente veréis.

Cosas como la que últimamente tanto se me critica de ser halagador y de no ver los defectos y siempre ver lo positivo. La gente que me conoce sabe que no soy tonto, sabe que veo perfectamente los fallos, que peco en demasía de ser objetivo y de decir las cosas a la cara, pero si no voy a beneficiar a la otra persona diciéndole el fallo, prefiero callar lo malo y alabar lo bueno ¿Técnica equivocada? según para quién. Quizás estoy demasiado cansado de que me machaquen y como esa táctica no funciona conmigo, aplico a los demás la que a mi me gustaría que aplicasen conmigo. Pero insisto: no es que no vea los fallos, simplemente procuro no destacar siempre lo malo. Otra prueba más de que no se llega a conocer la gente por twitter, porque esa parte de mi veo que mucha gente no la conoce.

¿Vosotros os atreveríais a juzgar y psicoanalizar a alguien que conocéis a través de twitter y sus blogs? Yo, desde luego, no. Y sin embargo el otro día me hicieron una juicio sumarísimo por la cara. Me mandaron un extenso mail donde me tachaban de amargado, victimista, de ser incapaz de aceptar una crítica, de no tener vida y tener que reafirmarme constantemente en internet... Y otras perlas que no recuerdo y que no puedo consultar porque borré el correo tras leerlo. Me parece tremendo que alguien se atreva a juzgarme de esa forma con total tranquilidad. Hay que ser muy engreído, creerse superdotado (creo que una vez me comentó que le habían dicho que lo era y parece que se lo creyó) y por encima del bien y del mal para dedicarte a ir repartiendo gracia divina y conocimientos sobre los demás sin que se lo pidan. Este tipo de gente, si ya tenía poco valor para mi su opinión, lo pierden del todo con actitudes como esa.

No podemos juzgar a nadie libremente. Nunca, pero menos aún por cuatro (o cuarentaycuatromil) twits, ni por un blog. Podemos criticar o elogiar su trabajo, lo que dice, mostrarnos de acuerdo o en desacuerdo, pero no podemos opinar de la persona que hay detrás de ese twit más alla de lo que esos twits contienen. Tengamos cuidado de no excedernos y si alguna vez en este blog o en el de Marta he podido dar a entender que enjuicio a alguien, mis disculpas, porque jamás será mi intención. Opinaré sobre mi y sobre lo que opinen los demás, pero nunca entraré a valorar más allá de ese apartado público.

Será que no soy un superdotado.

jueves, 5 de enero de 2012

Mi carta a los reyes

Dentro de unas horas pasarán los Reyes Magos y tengo que confesar que no espero de manera especial que me traigan nada. Hay algo que deseo muchísimo, un regalo inconfesable que me haría el niño (de treintayonce tacos) más feliz de la tierra, pero soy consciente de que no llegará. Y es que hace tiempo que no escribo una carta a los Reyes Magos, y este año no ha sido una excepción. Sin embargo, siempre espero con ganas este día. No voy a decir que no me encante, como creo que a todo el mundo, hacer regalos. Ya lo conté en otro post no hace mucho, pero también confieso que me gusta mucho que me sorprendan.

Ya no escribo cartas, ya no pido nada. No porque no haya cosas que quiera. Hay mil cosas que me gustaría tener (ayer sin ir más lejos estuve a punto de regalarme un libro especial en una edición muy especial, pero esperaré por si algún rey mago decide tomarse el trabajo y gastarse los cuartos.), pero sobre todo deseo cosas muy poco "pedibles". Y no por caras, algunas son hasta gratis, más bien por personales o, sencillamente, porque ni siquiera sé que las quiero. Me preguntan muchas veces que quiero, pero no me sale nada que pedir. La gente dice que soy muy difícil de regalar, que sólo me gustan los aparatos electrónicos caros y que eso no me lo pueden regalar, pero no es cierto.

En la foto veis un sencillo imán de cocina con un par de gatitos. Me lo trajo Papá Noel en forma de sobrina de 16 años. Sin un duro (que antiguo suena eso pero no me sale lo de sin un euro), se ha dedicado a ir buscando detallitos en los diferentes chinos y chollos de la ciudad para toda la familia. Justo antes de irse a pasar unos días con su padre, nos preparó una mesa llena de regalos envueltos por ella (o por algún gnomo de Papá Noel, no sé), cada uno con su correspondiente nombre para que supiéramos a quien correspondía.

El mío fue este sencillo y barato imán de cocina con dos gatitos. Que no valdrán mucho económicamente hablando, pero que para mi valen mucho. Porque cuán cierto es eso de que la intención es lo que cuenta. Cuando lo abrí y le di las gracias me dijo que le daba pena ver mi nevera tan "pelada" por fuera y que necesitaba algo para darle personalidad. Y que así me acordaría de ella cuando abriera la nevera.

Y son esos detalles los que hacen grande un regalo. Que se acuerden de ti, que sean personales, que tengan su historia. Y eso si que es difícil, lo sé. Por eso me agobio tanto comprando regalos en fechas señaladas y soy más de regalar por regalar. Y por eso no me sale pedir regalos. Prefiero ese simple imán de cocina con su historia, una carta escrita por otra de mis sobrinas hace un tiempo y que aún guardo, un Click de Famobil (nada de playmobil y, por supuesto, nada de Airganboys)que me compró mi hermana hace unos años porque al verlo se acordó de todas las tardes que pasamos jugando con el castillo de los Clicks.

No escribo desde hace mucho tiempo ninguna carta, por eso cada detalle que recibo, cada imán de cocina, es una tremenda sorpresa. Y si, seguro que caerá alguna colonia y alguna he regalado alguna vez. Y los agradezco, por supuesto, pero os aseguro que le tengo más cariño a esa carta o a este imán que el que jamás podré tenerle al perfume más caro del mundo.

martes, 3 de enero de 2012

Nunca cambies

Ayer tarde terminé La novia de papá, un libro que llegó a mi iPad fruto de la casualidad, de mi gran amiga twittera @chefidiaz (últimamente es la "culpable" de más de un post) y de una breve charla con la autora del libro, @palomabravo. El caso es que el libro me ha gustado mucho. Es ligero de leer, muy sincero, divertido y emotivo. He disfrutado mucho leyéndolo y así lo compartí en twitter. Y Paloma me lo agradeció e intercambié un par de twits con ella. Y pensé que era una lástima haber comprado este libro en edición digital porque me hubiera hecho ilusión poder llevarlo a Madrid la próxima vez que vaya y que Paloma me lo dedicase, pero claro, digitalmente es bastante complicado: no me va a firmar el iPad.

Y pensé que últimamente ha habido un par de libros y una revista que me hubiera gustado tener dedicado. Lo de la revista hubiera sido ya para enmarcar, como me sé de una twittera que tiene enmarcado un poema que alguien le envió porque tuvo la cara de pedírselo. El caso es que me puse a pensar que no tengo ni un sólo libro ni disco dedicado. Mira que soy mitómano, pero no he sido jamás de ir a firmas de discos ni de libros. Igualmente tampoco me han regalado demasiados libros y nunca nadie ha tenido el detalle de dedicármelo. ¿Nunca? Craso error. Tengo UN libro dedicado.

Es la dedicatoria que veis en la foto (sorpresa, seguro que no os lo imaginabais) y me lo dedicó una chica con la que tuve una "relación" extraña de tremendo cariño, puñado amor, pizquita de odio y mijitilla de decepción. Esas relaciones en las que tú quieres algo más pero que no llega. Y leyendo anoche la dedicatoria, pensé en lo que os voy a contar a continuación. La dedicatoria, por si no la veis bien, reza así:
Para la persona más sincera, y con la que más amistad he tenido, en muy corto plazo de tiempo (cosa muy rara en mi). Muchas gracias por escucharme y estar ahí. Muchos besos (firma) Por favor, nunca cambies aunque quieras, así eres maravilloso.
Y son bonitas palabras y me emocioné a leerlas en su día y me abracé a ella. Pero fue casi un mensaje de despedida porque poco más duró aquella relación. Y ligeramente imbuído por el espíritu de relaciones humanas que desprende La novia de papá, pensé que sin duda hay muchas formas de cortar una relación, pero estas son de las peores. Frases como "nunca cambies", "eres maravilloso" o el clasicazo "no eres tú, soy yo" no hacen más que dejarte peor cuerpo. Porque si estás ilusionado con esa persona y esa persona no esta ilusionada contigo, es que ni eres tan maravilloso, seguro que algo de culpa tienes y que algo deberías cambiar. Es así, que para eso tu quieres compartir el resto de tus días con esa otra persona, porque la ves perfecta. Y si ella no quiere, el fallo es tuyo que, repito, ella es perfecta.

Con el tiempo te das cuenta de que no era perfecta, por supuesto. Porque no era yo ni era ella, ni yo era tan maravilloso, ni ella perfecta. Porque cuando se va la ilusión todo se despeja. Pero si es cierto que he cambiado bastante desde aquellos años. Ni soy tan ingenuo, ni me dejo utilizar, ni veo perfectas a las chicas con las que me he ilusionado después, ni he sufrido tanto como con aquella chica.

Es curioso, con cada desengaño he sufrido menos, pero también cada vez me cuesta más ilusionarme. A ver si va a ser cierto eso de que al corazón le salen callos y se insensibiliza, para bien y para mal.