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| Así era el mío, con cassete y todo |
El otro día estuve escuchando una de esas maravillas, hablando sobre las profesiones "vocacionales". Hablando con Médicos y periodistas, como ejemplos de vocaciones que uno elige no porque tengan más o menos futuros o porque tengan mejores salidas laborales. Son profesiones que se eligen por vocación, porque te gustan, porque quieres dedicarte a curar gente, informar, escribir, estudiar matemáticas, dirigir películas... Incluso ser un pequeño empresario es algo vocacional. En general la vida te lleva a ello, no lo eliges friamente ni llegas a ello por casualidad.
Yo desde pequeño he tenido muy clara mi vocación: informático. Siempre he querido trabajar con ordenadores. Creando programas, arreglándolos, instalándolos, enseñando a la gente a utilizarlos... cualquier cosa relacionado con ellos, pero principalmente todo lo relacionado con la programación, con hacer nuevos programas capaces de hacer cosas. Siempre me ha encantado y siempre he visto en ello una parte creativa increíble.
Mi primer ordenador fue un Commodore 64 y con él hice "maravillas". Recuerdo que durante semanas estuve diseñando una cabecera para al video de la boda de mi hermana, dibujando pixel a pixel, con un MIDI cutre de Enola Gay, algo de risa hoy en día, pero que era impresionante en aquellos años, mediados de los 80 (Dios, cuanto tiempo). Y recuerdo que me dedique a conectar el tramo del cuentavueltas del Scalextric al puerto de "joystick", diseñe un programa que reconocía cuando un coche pasaba por allí e hice el primer cuentavueltas digital de la historia. Podías poner el nombre del corredor de cada pista, establecer un número de vueltas para la carrera y aquello funcionaba. En el televisor se iban contando las vueltas y al llegar al limite sonaba música, salían unos fuegos artificiales y el nombre del ganador grande en pantalla. Y todo esto con un Commodore 64 y hecho por un crío que no llegaba ni a los 16 años.
A mi me parecía mágico. Una forma de dar rienda suelta a mis ganas de crear, lo veía incluso como una pequeña forma de arte, como cuando un artista dibuja un cuadro de la nada o compone una canción. Siempre quise crear. Siempre quise trabajar con ordenadores. Siempre me han parecido mágicos. Durante un tiempo les he dado de lado en lo profesional y casi en lo personal, pero estoy volviendo, lo necesito. Me hace sentir muy bien ser capaz de hacer cosas en mi trabajo relacionadas con la informática y ver que funcionan. Ya no son programas en sí, pero si me siento un poco "creador" de cierto orden, capaz de dominar esas máquinas y hacer que hagan lo que deben. Y aunque por desgracia no puedo dedicar el 100% de mi tiempo en el trabajo a estas cosas, lo dedico en mi tiempo libre e intento buscar tiempo en el trabajo para hacerlo. Porque lo necesita mi empresa, porque hay que mantener en orden los ordenadores, pero porque yo lo necesito también, necesito saber que sigo siendo informático.
Ah, casi se me olvida explicar el título. Hace muchos muchos años, casi en una galaxia muy muy lejana, vi una película llamada Tron. Hablo de la original, de la de 1982. Como sabréis, Flynn es un programador que se ve atrapado dentro del mundo de los ordenadores, entre CPU's, programas, buses de datos... En un momento dado uno de los "programas" le pregunta "¿Crees en los programadores?". A mi me pareció una metáfora genial, como toda la película.


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