Me he mudado



Dagarin.com ya no está por aquí... pero todo lo había lo encontrarás ahora en el nuevo y flamante Territorio Dagarin en www.dagarin.es. Para que no tengas que molestarte, yo te llevo hacía allá. Si algo falla y no estás en dagarin.es en unos segundos, pincha aquí.

Seguro que te va a gustar la nueva casa. ¡Recuerda cambiar tus favoritos y tus suscripciones!

jueves, 29 de septiembre de 2011

Cansado

Cansado de esforzarme en buscar siempre el bright side of life.
De ser siempre el que intenta mantener el vaso medio-lleno.
De poner la otra mejilla una y otra vez.
De sentirme a veces Quijote, a veces Sancho.

Cansado de tragar, tragar y tragar...
De escuchar y no tener derecho a hablar.
De hablar y sentir que no soy escuchado.
De preocuparme más de los demás que de mi mismo.

Cansado de ser políticamente correcto.
De no encontrar el equilibrio entre el si y el no.
De controlar tanto mis emociones en público.
De dejar que me dominen en privado.

Cansado de pedir perdón continuamente.
De dar las gracias hasta la saciedad.
De creérmelo siempre todo sin creer en nada.
De tropezar una y mil veces con las mismas piedras.

Y es que, como decía la otra noche el gran JotaBenedi en Twitter, hay días en los que mi propia mierda enturbia todo lo bello que me rodea. Hoy, para mi, es uno de esos días.

Disculpen las molestias.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Sobre el pirateo de libros

No se si ya lo había confesado aquí, pero seguro que en El Blog del jugópata si lo había hecho: soy un pirata. Soy malo y merezco ser quemado en la hoguera por haber bajado juegos, películas, música y software de internet. Si, yo confieso que he pecado y puede que exclusivamente por mi culpa haya millones de personas en el paro. (ironic mode off)

Bueno, ya centrándonos, no voy a extenderme sobre si considero o no correcta la piratería. Es un tema muy complejo, con muchos ángulos desde los que mirarlo, pero tengo una idea bastante clara de lo que pienso. Parto de la base de que no es buena, pero si la veo admisible a pequeña escala, el pirateo doméstico, siempre que no entres a dar beneficio a unos a costa del trabajo de otros. Eso ya no me parece correcto. Y en este ámbito doméstico, pues como os digo confieso haber instalado software no comprado en mis ordenadores, he bajado música y películas de internet, las he cambiado con amigos y también me he bajado juegos para distintas plataformas. Todo ello siempre siendo consciente y también comprando también mucho material original, sobre todo en lo relativo a videojuegos.

Y todo esto viene porque curiosamente el otro día sentí un ataque de culpabilidad tremenda. Entré en una página donde podía bajar cientos de libros en formato ePub, el formato más standard para los libros electrónicos y el que usa el iPad, y me bajé unos cuantos. Incluso llegué a leerme uno de ellos. ¿Y sabéis una cosa? Me sentí increíblemente culpable. Tanto que en cuanto terminé de leer el libro me fui a Luces, una librería de Málaga, y me lo compré. Puede que sea el primer libro de mi biblioteca que nunca me lea, porque ya me lo he leído.

Y me puse a pensar el porqué de este tremendo sentimiento de culpa que no siento con las otras "propiedades intelectuales". Y la única conclusión a la que he llegado es que el mundo de la literatura sigue siendo un mundo lleno de romanticismo. Me decía alguien en twitter que es porque no hay "Teddis Bautistas" en el mundo de los libros, y en cierto modo tiene razón. No creo que sea tanto una lucha personal contra un alguien, sino que en el mundo de la literatura no existen esas figuras adineradas. En el mundo de la música hay mil Teddis, Alejandros Sanz y similares que están forrados y de pasta "pá' alicatá' dos cuartos de baño". Igual que en el cine, donde estamos hartos de escuchar los pastizales que ganan un Tom Hanks o una Angelina Jolie. Por no hablar de lo que ganan las distribuidoras, etc. Idem con los videojuegos... todo eso es muy público y te da cierta sensación de impunidad si te bajas un juego o un cd pirata de Internet. Como que no te piensas que les hagas daño.

Pero cuando piensas en un libro, al menos yo, piensas en ese romántico trabajo de un escritor, meses encerrado en su cuarto, enfrentado a la máquina de escribir y a esos folios en blanco (no me preguntéis porqué, pero sigo sin verlos escribiendo con un ordenador, soy así de raro). Meses de trabajo, correcciones, momentos de crisis literaria, de los temidos momentos de vacío de imaginación... Y al final de todo eso, de pelear de editorial en editorial, llega el libro y puedes leerlo. Y se que lo que estoy diciendo no es nada justo, pero creo que han conseguido mantener ese espíritu.

Y no es justo porque también hay escritores adinerados, autores de mil bestsellers y forrados de pasta que tampoco sufren porque se pirateen sus libros. Y empresarios intermedios forrados y todo lo malo que rodea a las otras "industrias artísticas". E igualmente en el mundo de la música hay gente que empieza, grupitos que sufren para localizar un local donde ensayar y grabar unas maquetas, locos por localizar un garito donde les paguen por tocar un par de noches al mes... y debería sentirme culpable por piratearles a ellos también, pero algo ha provocado que eso no sea tan visible.

Hablo al menos de mi caso. No me duele bajarme un Office pirata de internet en lugar de comprárselo a Microsoft. Quizás porque asumo que Bill Gates es uno de los hombres mas ricos del mundo y que no va a pasar nada por no pagar los 100 euros que cuesta su office. Y veo a Bill Gates y no veo a las miles de personas que trabajan en Microsoft, seguramente con salarios decentes pero no brutales, y a las que si daña mi actitud. En cambio cuando compro Come, Reza, Ama veo a Elizabeth Gilbert en su casa escribiendo horas y horas. Y no veo a las sanguijuelas de las editoriales ni me imagino a Elizabeth forrada de dinero a mi costa.

Supongo que es todo cuestión de saber venderse, o de poner precios justos a las cosas, o de no exagerar con los márgenes de beneficios.... no lo sé, pero el caso es que seguiré pirateando ciertas cosas y otras muchas seguiré comprándolas legalmente porque creo que merecen la pena pagar por ellas.

domingo, 25 de septiembre de 2011

10 cosas

Hace ya un tiempo, antes de verano, Marta Fernández nos propuso que hiciéramos un pequeño ejercicio de introspección. Se trataba de enumerar las 10 cosas que nos gustaría salvar de nuestra casa si se estuviese quemando. Había que hacerla y enviarla a una dirección del programa, donde seleccionarían las mejores y las emitirían en Las Mañanas de Cuatro, comentadas por Marta y Boris. Como buen admirador de Marta, participé e hice mi lista. Por desgracia la idea no cuajó (la gente que es muy quisquillosa, no digo más) y no llegaron a emitir ese programa, pero mi lista la tenéis en este post que hice hace tiempo.

Llevo tiempo queriendo hacer este post y ya por fin me he decidido, porque rememorando esa iniciativa, he guardado en mi memoria las primeras cosas que fui metiendo en el ya famoso Dagapiso, al que estáis todos invitados ya lo sabéis. Eso si, en grupitos de 4-5 que no da para más, es el daga-mini-piso. En su día, cuando escribí ese post e hice esa selección, fue más meditado, en plan vamos a poner cosas bonitas, recuerdos, etc... Esta pequeña lista de ahora, que no se si serán 10 cosas, 5 o 20, no están de ninguna manera meditadas. Solo la primera si lo fue de forma totalmente intencionada, quería que fuera la primera cosa mía que entraba en el Dagapiso. Si sois lectores asiduos del blog y me conocéis un poco, ya sabéis cual fue. Pistas: tiene 4 patas, no es animal y aparece en esta foto. El resto de cosas, no en orden estrictamente cronológico, es la siguiente.

Sal y aceite. Son esas cosas que las madres y las amigas te obligan a hacer. Yo, que no soy supersticioso, me encontré comprando el primer día una botella de aceite y un paquete de sal porque se supone que eso trae la buena fortuna a una casa. Y cualquiera le dice que no a una madre, una hermana y una amiga que te amenazan con el infortunio si no lo haces. Poco menos que en un purgatorio eterno iba a ser el Dagapiso si no les hacía caso. Pues nada, sal y aceite a la cocina. Por cierto, que luego me enteré que tenían que tenía que ser regalado, pero eso no me lo explicó nadie.

Una cafetera. Imprescindible para mi. Una vez acabado con el tabaco, es mi unica adicción... confesable, porque lo de las mujeres guapas no pienso confesarlo. Una Dolce-Gusto, no tengo un paladar tan depurado como para tener la del Clooney y distinguir entre 300 tipos de café diferentes. Prefiero está más sencilla y que hace tonterías como capuchinos, chocochinos, mocachinos...

El portátil. Y aunque os resulte raro, no por la conexión a internet, twitter, el blog... fue mi forma de traer música a casa y poner el protector de pantalla con las fotos de de la gente que quiero y sentir esa compañía.

Unos altavoces. No sabía lo importante que es para mi la compañía de la música mientras hago cosas. En vista de que los altavoces del portátil no daban para mucho, me traje unos altavoces que tenía en mi oficina a los que podía conectar el iPhone y que si suenan bien para tener esa compañía musical.

Bebida y picoteo. Cervezas, cocacolas, whisky, ron, Baileys, hielo, galletitas, aceitunas, patatas. Digamos que kit completo para invitar a amigos. Con vasos de plástico, da igual, lo importante era poder llamar a la gente y decirles que tenía casa, que estaban invitados, y poder ofrecerles algo. Pasar un rato enseñando el Dagapiso y charlando con ellos. Supongo que el traer estas cosas al piso era una forma de llamar a los amigos, tan importantes para mi.

Libros. Mi biblioteca básica. Echo en falta mil libros que han debido irse perdiendo entre unas y otras mudanzas, regalados a amigos, y hay otros muchos que directamente no he traído por falta de espacio. Ya iré comprando más estanterías donde irlos colocando, pero si que me he traído unos cuantos importantes para mi, desde los más recientes de Pynchon o el de Mónica Martínez hasta mis particulares clásicos como It, El umbral de la noche o La voz de los muertos. Todos llegaron pronto al Dagapiso.

Otto. Lo habréis visto en twitter varias veces, está en la foto que ilustra el post. Ha sido mi compañero cuando hice las fotos al iMac, o en los unboxing de alguna edición especial de algunos juegos. No se cuantos años tiene, no se como llegó a mi vida, pero aquí sigue conmigo este ornitorrinco azul. Y creo que ha estado en todos los pisos por los que he pasado, no recuerdo haber estado en ninguno sin él, y aquí está custodiando mi biblioteca.

Y a partir de aquí ropa, ropa de cama, productos de limpieza, ordenador, tele, consolas, teléfono, menaje.... todo lo que hay que meter, y lo que aún me queda, que todavía me faltan cuadros, cortinas, láminas cojines... Pero esas fueron las cosas que realmente tenía ganas de meter en el piso para irlo convirtiendo en el Dagapiso.

Al final, como veis, poco se parece a lo que puse en la foto. La situación tampoco es la misma, porque no se trataba de salvar nada, pero lo cierto es que quizás estas cosas (al final no llego a 10 que pueda destacar) creo que dicen más de mi de lo que pudiera decir yo, de lo que realmente me importa.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Sobre Gears Of War 3 y sus DLC's

Llega la época fuerte en el mundo de los videojuegos. Desde Septiembre hasta Noviembre es cuando se produce la mayor parte de los grandes lanzamientos del año. Obviamente para darles una vidilla previa y que los reyes magos y papás noeles puedan ir preparando sus pedidos. Como ya sabéis los que me conocéis desde hace un tiempo, soy un gran amante de los videojuegos. Es una pasión que va por rachas. Igual paso semanas jugando a diario que no enciendo la consola durante meses. Estoy en la segunda etapa ahora, apenas la enciendo más que para echar unos Guitar Hero de vez en cuando. Sin embargo, llega la época álgida y caerán unos cuantos juegos y, seguramente, algún que otro post.

Y el primero de estos post es sobre un juego que compraré este mismo Martes, a no ser que me llamen antes avisando que han adelantado la fecha de salida. Se trata de la tercera parte de Gears Of War. No voy a machacaros hablando del juego. Los que gustais esos juegos sabéis de lo que hablo y los que no, pues mejor os ahorro leer de TPS, Lancers, Locust, etc... La cuestión es que me gastaré unos 80 euros en una edición especial, que ya está bien. No voy a hablar sobre si es un precio exagerado, si lo vale o no, etc. Es un tema muy largo y ya escribí largo y tumbado hace tiempo en el difunto blog del jugópata, post que igual me da por recuperar algún día y traer a este Territorio Dagarin.

Aquí lo que importa es que pagaré 80 euros por un disco con un juego y no podré jugar a todo lo que hay en ese DVD. Resulta que habrá cosas bloqueadas y que tendre que desbloquear.... pagando. Y eso me cabrea (permitidme la expresión, por favor) hasta un punto indecente. No sólo porque pretendan hacerme pagar por algo que ya tengo, sino porque prostituyen el sentido auténtico de los DLC. Me explico.

Hoy en día, con el tema de las conexiones a internet de las consolas, hemos ganado en muchas cosas. La más obvia es el juego online, poder jugar con gentes de lugares remotos, personas reales, no contra el ordenador y su Inteligencia Artificial. Y eso es fabuloso. Pero no solo eso, también podemos bajar demostraciones de juegos para ver si nos gustarán antes de comprarlos (antes lo hacíamos a base de comprar revistas, ahora podemos hacerlo así) podemos actualizar nuestras consolas con nuevas funcionalidades, chatear, alquilar películas... y ampliar nuestros juegos gracias a los contenidos descargables, AKA DLC (Downloadable Contents).

Sin duda, el origen de los DLC es fabuloso si se aplican bien. Por no extenderme mucho pongo el ejemplo más claro. Compras el Guitar Hero 25 y trae 200 canciones que te encantan. Pero el mundo está lleno de canciones. Así que resulta que dentro de unas semanas, cuando te has liquidado el juego y te conoces esas 200 canciones de memoria, pues empiezan a salir DLC's que en este caso son nuevas canciones, que puedes descargar (obviamente pagando) para ampliar el juego, para tener más canciones que te gustan, para rejugarlo... Como este, hay mil ejemplos de lo bueno que pueden ser los DLC's, pero por desgracia, donde unos vemos ventajas y opciones para revitalizar un juego, otros ven dinero, dinero, dinero.

Ya no esperan a ver si un juego tiene éxito y gusta para plantearse ampliándolo en los DLC, no. Ya directamente hacen los DLC a la vez. Esto ya es chungo, porque yo me imagino al directivo de turno hablando con los programadores, viendo el juego terminado y diciéndoles: "Pues ahora esto, esto, esto y esto lo bloqueais y ya luego lo vendemos aparte como si fuera un DLC". No se si queda claro: no es contenido extra, es contenido QUITADO del juego original para luego cobrarte por el. Y cosas así ya han sucedido, con modos de juego añadidos como sucedió hace uno tiempo con el último Resident Evil, donde al pagar unos 12 euros por unos modos de juego nuevos resulta que lo único que hacías era desbloquearlos, porque ya los tenías incluso en el disco, no tenías ni que descargarlos. Para mi, es una forma como otra cualquiera de tomarnos el pelo.

Todo esto viene porque se anuncia que en el Gear 3 que compraré el martes se incluyen nosecuantas armas y trajecitos para los personajes en el modo online. Y no soy yo muy dado a este tipo de historias de modificar los personajes, pero lo que no me parece de recibo es que eso, que vendrá en mi disco, sólo podré verlo si pago unos 50 euros. ¡¡50 EUROS MÁS!! ¿Estamos locos o que? Vamos, que el juego me costará 120 Euros si quiero esas cosas, al margen de que me parezcan una estupidez que no usaría ni aunque fueran gratis, pero esa es otra cuestión. Y eso es lo que se sabe por ahora, que no sé yo si no tendrá incluso más cosas que vayamos descubriendo más adelante. Señores, que hablamos de 20.000 de las antiguas pesetas, que hablamos de duplicar el precio del juego.

Pero insisto en que lo que a mi mas me fastidia de todo esto es que esos alicientes, eso que debe ser un extra, ya está en el disco. Ya está hecho, pero alguien ha decidido que por eso habrá miles de frikis a los que no les importará soltar dinero extra. ¿Pero sabéis que es lo peor? Que tienen razón. Que seguro que habrá miles y miles que pasarán por el aro. Y ya se sabe: ande yo caliente, ríase la gente. Poco les van a importar las críticas cuando las cuentas de resultados crezcan y crezca y crezcan...

viernes, 16 de septiembre de 2011

Zancadillas (Crossover Blogguero)

Antes de nada dejar claro que nunca le he visto sentido a ciertas actitudes de la gente. Soy de los que piensa que nadie vale más que nadie y no creo que en la vida tengamos que andar compitiendo unos con otros para intentar demostrar que somos más listos, más hombres, más mujeres, más... Cada uno es cada uno y todos tenemos nuestros valores y nuestras cosas buenas y malas. Sin embargo no todo el mundo piensa así y hay gente que vive su vida en una continua competición por ser el mejor, aunque a nadie le interese

Y puestos a competir, a echar carreras, hay dos formas de ganarlas: corriendo más que tu adversario o dedicándote a ponerle zancadillas para que tropiece. Por supuesto, la forma correcta y limpia es la primera, pero hay mucha gente que utiliza el segundo método. Aplicado a la vida fuera del símil deportivo, para quedar "por encima" de alguien puedes demostrar que tú vales más que la otra persona o dedicarte a echar basura sobre los demás para que quede por debajo. No se trata de mejorar tú, sino de empeorar al otro, ponerle zancadillas. Si el otro está más abajo, obviamente tu estás arriba. Y esto es algo que estoy viendo últimamente por twitter.

Se trata de un personaje que ha aparecido en twitter hace nada y que ha comenzado a hablar sobre el programa de Marta Fernández desde que ha vuelto de vacaciones (Supongo que todos sabéis a quien me refiero al hablar de Marta, pero por si acaso, aquí tenéis mi otro blog). Bueno, más que sobre el programa está hablando de la propia Marta, y de una forma bastante despreciativa hacia ella. Por supuesto no seré yo el que le de cancha aquí a su nick ni voy a permitir que aparezca en ningún comentario. Esta persona apareció cuando terminó la intervención veraniega de Ruth Jiménez, contra la que no tengo absolutamente nada, y desde entonces twitea principalmente cuando Las Mañanas de Cuatro han tenido algún bajón de audiencia. Y aún con audiencias por encima del 6 % y cerca del 7% (un muy buen dato para un programa como el de Marta a esas horas) sus comentarios han sido del tipo "es injusto que la gélida Marta herede los estupendos datos de Ruth durante el verano". No recuerdo exactamente las palabras y no me voy a molestar en buscar el twit, pero era algo así. Y no ha sido el único, lanzando incluso historias sin fundamento, más que por sus teóricas fuentes. Y aunque a estas personas así hay que darles la importancia justa (ninguna), es un claro ejemplo de lo que decía al principio.

Parece que este personaje es un muy fiel seguidor de Ruth, cosa muy respetable aunque no lo comparta, y me parecería muy bien que defendiese la excelente labor de su Ruth, según su punto de vista. Pero no a base de menospreciar el trabajo de Marta o incluso de ataques de índole personal. Si tantos valores, tan buena profesional y tan buen trabajo hace (hacía), no tiene más que ensalzar todas esas virtudes. Me temo, y lo digo desde el desconocimiento casi total de la trayectoria de esta mujer, que no parece que haya mucho que ensalzar de ella. Lo que siempre pienso cuando veo que se utilizan estas tácticas es "que poquito bueno tendrá que destacar cuando lo único que puede hacer es echar mierda sobre el otro".

Si a mi alguien intenta quitarme mérito en mi trabajo, siempre argumento en base a lo que hago bien, a todas las tareas que desempeño. Nunca digo lo que lo demás no hacen, me parece una técnica muy sucia esa de dejar mal a los demás para yo quedar por encima. Por suerte no conozco mucha gente así en mi vida y a los pocos que he conocido los he alejado lo antes posible de mi entorno. En el caso que nos ocupa, este twittero/a, pues bastaría con un unfollow, pero me divierte tenerlo ahí y ver como va ideando formas para que su Ruth prospere.

Lo que si me pregunto es: ¿Qué pensará Ruth de que alguien se dedique a "defenderla" de esta manera?. Yo no me sentiría muy orgulloso, la verdad. Aunque quizás no sea sólo defender a Ruth pero claramente hay algún motivo para ir soltando esos twits. De todas formas, yo dedico aquí este post escribiendo por escribir, pero como he dicho antes, hay que darle la importancia justa a este tipo de personas y no entrar al trapo de su juego para no darle más importancia de la que tiene y no servirle de altavoz.

Cross-over: Esto es una especie de cross-over bloggero, ya que quizás este post debería estar en el blog de Marta, pero creo que es más un tema personal, de no gustarme este tipo de gente, que algo que deba escribir en un blog donde hablo del trabajo de Marta. Así que aprovechad este cross-over para disfrutar esa mirada de Marta en la foto de arriba. Espectacular.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Cambios

Comentaba el otro día en twitter que se me hacía raro escribir este post. Tanto que contar que no sabía ni por donde empezar. Llegué al acuerdo con @Sonrisadesigual que haría esta primera versión comercial y luego, si tenía audiencia tipo Avatar, pues sacaría el Director's Cut de 20 horas. Y es que para explicarlo todo requeriría mucho tiempo, remontarme quizás hasta mis 19 años y mi marcha de casa. Mi posterior vuelta, las siguientes mudanzas a diferentes pisos y mi, hasta hace unos días, última mudanza de vuelta a casa de mi madre cuando murió mi padre. Supongo que para esta versión reducida bastará con empezar por ahí, por ese momento de vuelta, que es el que está cambiando en las últimas semanas.

Pues eso, que desde hace unos años, a raiz del fallecimiento de mi padre, me tocó volver a casa con mi madre. Una hermana casada y con hijos, la otra con piso en propiedad y también una hija, así que yo era el mas apropiado para volver a casa con ella cuando todos vimos que no debía estar sola pero se negaba a abandonar ese piso donde había vivido toda la vida con mi padre. Iban a ser en teoría unos meses, hasta que se recuperase de la depresión en la que cayó, pero a lo tonto los meses se convirtieron en años. Te acoplas y, sin darte cuenta, te ves viviendo de nuevo con tu madre, con lo bueno y lo malo que eso conlleva. Pero te adaptas y hasta que no sucede algo que te saca de ese estado sigues con la rutina. Y llevaba tiempo raro, extraño, con mi estado de ánimo demasiado inestable. Con muchas subidas y bajadas, lo mismo feliz con ganas de cantar bajo la lluvia que de meterme en la cama y desaparecer. Y no entendía bien eso, y sabía que necesitaba cambios, que tenía que pasarme algo. En cierto modo, vosotros mismos, fieles lectores, lo habéis vivido. Con post super-alegres y Zen y luego otros tremendos contra mi empresa, mi jefe, la vida en general...

Y tomé medidas al respecto, que ya explicaré (ya veis que aunque parezca que hablo mucho, queda aún más por contar), pero había algo de lo que no era consciente y que me estaba limitando. Era, precisamente, ese vivir con mi madre. Esa falta de independencia me estaba comiendo por dentro sin yo saberlo siquiera. Ojo, es una madre y me llevo bien con ella, no estaba viviendo ningún infierno, pero no es lo correcto, no es lo que necesitaba y no me hacía sentir bien. Con 40 años no se puede seguir viviendo en "casa de mamá" si tienes un trabajo estable y no hay problemas de salud (como hubo al principio). Pero yo no me daba ni cuenta, me acoplé a la nueva situación.

Y así pasó el tiempo hasta que algo que, seguro que a muchos os sonará estúpido, me hizo darme cuenta de esto. Y fue la ya mundialmente famosa MartiMesa. Supongo que todos conocéis de sobra a que me refiero, pero para los nuevos, podeis leerlo en este post de mi blog de Marta Fernández y siguiendo los diferentes enlaces que hay en él. La cuestión es que allí estaba yo, en casa de mi madre, con la mesa de Marta recién recogida de Ikea y pensando: ¿Y donde la pongo? Pero si es que esta no es MI casa, si es la casa de mi madre. Y de repente, todo encajó.

No fue salir corriendo a buscar una casa. Como dije en el post anterior, llevo un tiempo calmado y Zen. No era cuestión de improvisar, pero la puerta se abrió. Todo era cuestión de tiempo. Salir ahí fuera, comenzar a ver pisos y finalmente llegaría el momento, como así ha sucedido. Y en esas estamos, casi estrenando el Dagapiso, que ya empieza a parecer un Dagahogar. Y por lo mucho que lo necesitaba, aunque no lo supiera, resulta que de todos los pisos donde he estado este es, sin duda, el que tengo más ilusión por habitar. Y por decorar, por llenarlo de detalles, por convertirlo en un hogar. Todos los de antes fueron plenamente funcionales. Me conformaba con lo que traían y punto, pero este estoy intentando que sea algo especial.

Lo mío no es el arte ni el buen gusto, no soy decorador ni tengo estilo, pero quiero ir poniendo detalles que me gusten, quiero sentirme a gusto. No solo vivir ahí, quiero sentirme bien, que al entrar me reciba esa pared de espejos comprados en Ikea que he pegado yo mismo y la MartiMesa.

Porque pensaba ponerla en el salón, con una lámpara preciosa, con unas flores o unas fotos, pero tras muchas vueltas acabó ahí en la entrada. Y ahí se va a quedar, porque me gusta que sea ella la que me reciba, la que me recuerde cada vez que entro que esa es mi casa, aunque sea alquilada. Que ese es el Dagahogar y que, en gran medida, estoy en él gracias a esa humilde mesa Lack de Ikea con ese fantástica decoración de Marta Fernández y que me siento muy orgulloso de tener.

Dedicado a @sonrisaDesigual, mi sobrina virtual favorita y fan número uno de este blog.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Just play it cool, boy.

El otro día se me pinchó una rueda del coche. Bueno, más que un pinchazo fue un reventón en toda regla. Al parecer di con el bordillo al aparcar (yo no lo noté, pero supongo que así fue) y cuando salí del trabajo me encontré la llanta en el suelo, completamente vacía. Por suerte hay un taller cerca que estaba abierto así que acerqué el coche y me pusieron la rueda de repuesto. Vale, podía haberla puesto yo directamente, pero tengo un lado muy vago, creo que ya lo sabéis :) Además, la rueda no era solo cambiarla sino que había que pedir una nueva, así que con la excusa de que me la pidieran, pues me la cambiaron. Ellos le meten ese gato hidráulico y levantan el coche en un pispas y cambian las ruedas con esa pistola mágica que quita los tornillos. Yo hubiera tardado mil años, sudando como un pollo, ensuciándome... en definitiva, que soy vago.

A todo esto, me estuvo acompañando una compañera de oficina y además mandé algún twit. Tanto la compañera como alguien por twitter (que me perdone, pero no recuerdo quien fue) me comentaron que se extrañaban que no me enfadase con el tema, que no me alterase. Lo cierto es que las cosas del coche no suelen afectarme, suelo llevarlas con bastante calma. No creo que se gane nada alterándose, pateando la rueda reventada... Y esto es algo que no me viene de mi actual fase Zen, me viene de bien lejos.

Mi primer coche fue un Ford Fiesta como el de la foto, en color celeste. Era allá por el 90 y el coche ya tenía unos 15 años cuando lo compré. Apenas me duró un año antes de comprar mi primer coche nuevo, un Seat Ibiza Rojo. Pero volvemos a este primer coche, que si no me voy por las ramas y os cuento el absurdo motivo que me llevó a comprar el Seat Ibiza :) Novato perdido, con el carnet de conducir sacado hacia unos meses, recuerdo perfectamente el primer golpe serio que tuve con el coche. Fue en la plaza del General Torrijos, una rotonda grande al final del parque de Málaga. Era de noche y yo iba con unos compañeros de trabajo que habíamos salido a tomar algo. No había bebido nada porque todavía le tenía mucho respeto a eso de conducir y, ya que me había tocado, preferí no tomar nada. Pero claro, había alegría en el coche, risas, bromas... y al acercarme a la rotonda me salté el ceda al paso y un coche que venía nos embistió.

Nos dio en la parte trasera y recuerdo que el coche comenzó a dar vueltas y acabamos encima de la mediana completamente mareados. El otro coche no sufrió tanto y acabó detrás del nuestro con el frontal destrozado. Una vez que vi que todos estábamos bien (íbamos 4 en el coche) aparte del lógico mareo por el golpe y las vueltas, salí a ver como estaban los del otro coche. Era un señor mayor, bastante mayor, con su mujer. Vi que la señora estaba fuera del coche, de pie, y deduje que estaba bien. El señor, de cuyo nombre no puedo acordarme, comprobé enseguida que estaba bien porque comenzó a vociferar, insultarme, llamarme niñato, borracho, que van como locos, etc, etc... Yo aguanté el temporal porque no me quedaba otra. La culpa era mía y no había mucho más que hablar. Solo sacar los papeles del seguro, rellenar el parte y llamar a las respectivas gruas porque ningún coche estaba en condiciones de moverse.

Dejé que el hombre se calmase, y en cuanto me dejó hablar le pregunté como estaba, como estaba su mujer y que si íbamos rellenando los seguros y tal. Se fue calmando, rellenamos los papeles y recogimos el chiringuito. Es curioso como recuerdo la cara del hombre, recuerdo las vueltas que dimos, recuerdo los últimos segundos con el coche casi parado en que dio el último golpe mientras se subía a esa mediana con flores. Recuerdo todo esto, pero mi mente se para ahí y no recuerdo más hasta el lunes siguiente que hablé con ese hombre por teléfono. No recuerdo como rellenamos papeles, no recuerdo cual era el coche de este señor y, sobre todo, no recuerdo como acabamos avisando a las gruas. No había móviles, así que no se si Fran o Pili, dos de los amigos que venían conmigo (y de los que hablaré alguna vez como ejemplo de como una amistad profunda se puede convertir en odio hasta desear la muerte de alguien) se acercaron a alguna cabina. O si llegó la policía con sus radios, no lo sé.

Sólo recuerdo que después de un buen rato todos estábamos recogidos. Eso, y que el lunes siguiente estaba tomando un café con unas galletas en casa de ese hombre, que me invitó para disculparse por su comportamiento del viernes, por haberse puesto como se puso. Que me vio tan joven que pensó que era uno de esos niños que conducen sin carnet borrachos y tal. Mil disculpas y episodio cerrado.

Y de nuevo por parte de mis amigos llegaron los mismos comentarios de este miércoles con lo del pinchazo. Que como estaba tan tranquilo, que como no me había puesto nervioso con ese hombre gritando e insultando, que vaya sangre fría... y no se como lo hago, pero en esos casos supongo que pienso que un coche es sólo un coche, que lo que ha pasado ha pasado y que, como decían Los Fraguel, no hay que llorar por la leche derramada.

Y aunque a veces se me olvida, creo que siempre es importante mantener esa actitud en la vida con todo lo imprevisto a lo que te tengas que enfrentar. Los nervios, la histeria, el actuar sin pensar, no lleva a ninguna parte. Hay que mantener la calma. Sólo así la mente funciona correctamente y puedes tomar buenas decisiones y salir de cualquier atolladero. Sólo manteniendo la calma Just play it cool, boy, como cantaban en esta genial escena de West Side Story.