Me he mudado



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miércoles, 31 de agosto de 2011

Democracia real ¿Ya?

Tengo que ser sincero y confesar que estoy un poco cansado ya de tantos cantos de sirena sobre democracia participativa, sobre que el pueblo debe tener realmente el control, sobre que la reforma de la Constitución no la pueden hacer los políticos (que no olvidemos que elegimos nosotros, el pueblo, hace menos de 4 años) a espaldas de la ciudadanía, que se tiene que someter a referendum... muchas cosas en ese sentido y hoy quiero desahogarme un poco con vosotros sobre este tema.

Ya sabéis más o menos mi opinión sobre el 15M, que se podría decir que es el desencadenante principal de toda esta movida, pero es que resulta que, casualidades de la vida, hace unas semanas leí un libro titulado "Homo Videns: la sociedad teledirigida" y me hizo pensar aún más en este tema. Fue una recomendación de una amiga twittera y vino en relación a como internet estaba cambiando la forma en que nuestros cerebros procesaban la información, la evolución de homo Sapiens a Homo Videns (por la television) y ahora a Homo Tecnologicus (o algo así) a santo de las nuevas tecnologías como internet. Es un ensayo, no una novela, y precisamente en ese tema de Internet es donde más flojo lo vi. Incluso en el tema televisivo las cosas no las veo como las ve el autor, pero puede ser porque tiene ya más de 10 años o porque cada uno tiene su propia visión. No obstante, el libro me gusto mucho y me hizo pensar en muchos aspectos, lo cual indica que el libro es bueno.

Y curiosamente un libro que tiene tantos años habla mucho de todo lo que está ocurriendo ahora en relación a una nueva democracia. Obviamente no puedo explicar aquí todo lo que se habla en el libro, así que os recomiendo su lectura, que es amena y es un libro corto. Gracias a este libro aprendí algo de lo que se habla mucho ultimamente y que reconozco que no sabía: la diferencia entre democracia participativa y democracia representativa. Lo que tenemos ahora en todas partes es una democracia representativa. Votamos cada 4 años a nuestros representantes y al cabo de ese tiempo valoramos como lo han hecho y los reelegimos o cambiamos, según la mayoría vea conveniente. Durante esos 4 años, poco tenemos que decir los ciudadanos y nos dejamos, más o menos, llevar.

Por lo que están abogando el 15M, democracia Real Ya, los indignados o como queráis llamarlos, es por una democracia participativa. No dejar durante tanto tiempo que unos señores nos gobiernen, sino que tengamos mucha más voz y, sobre todo, voto en este tiempo. Que podamos hablar, que podamos decidir, que sobre las cosas que nos interesan no estemos siempre a las ordenes de unos señores. Porque es que para colmo se acusa a estos señores (recuerdo que elegidos por los ciudadanos) de plegarse a poderes superiores en cuanto se sientan en La Moncloa o en el Congreso de los diputados. Llámese los mercados, llámese los bancos, llámese The Patriots (como les llaman en EEUU)... Y los ciudadanos no nos dejaremos gobernar por esos poderes superiores. O eso aseguran.

¿Pero sabéis que? No me creo nada. Se parte del principio de que todos somos buenos. Que todos sabremos sacrificarnos por el bien común, que todos seremos capaces de ceder y ponernos de acuerdo entre nosotros y acatar lo que diga la mayoría sin problemas. Vamos, que este mundo es poco menos que el paraíso terrenal. Pero lo cierto es que el paraíso, como lo imaginan los que creen en esto, no existe. Y por desgracia ellos mismos dieron muestras de ello hace unos días.

Pero es que aún voy a más. Los que creen, creemos, en la democracia, partimos de la base de que a todo el mundo le interesa la política y está capacitado, a nivel informativo, para tomar decisiones y participar en referendums y similares. Pero, como se mencionaba en el libro del que os hablé, la gran mayoría de la población no está bien informada y, sobre todo, no le importa. Tiene preocupaciones más cercanas, como si La Esteban sigue con el Fran o los estudios del niño, como para pensar en el techo de gasto de las comunidades autónomas o en la redacción del artículo 135 de La Sagrada Constitución. No hay más que mirar los porcentajes de abstención en las elecciones. Un gran numero de ciudadanos no va a votar, y no hablo sólo de España. No tiene tiempo o interés, en dedicar un rato a votar una vez cada cuatro años. ¿Y pretendemos que estos mismos ciudadanos sean los que estén continuamente participando y decidiendo cosas tan "burocráticas", tan poco útiles y comprensibles para el día a día?

A ver, que no estoy defendiendo los regímenes totalitarios, que haya un dictador que gobierne por encima del bien y del mal, aquella máxima del despotismo ilustrado: Todo por el pueblo, pero sin el pueblo. No es esto de lo que hablo. Lo que quiero decir es que gobernar un país es una tarea muy ardua, que son muchas las cosas que hay que tener en cuenta. Siempre hay que estar mirando más allá, no sólo en el bien de hoy, sino en lo que se legará a las próximas generaciones. Muchas veces las ideas que un partido lleva en su programa electoral, sea de izquierdas o de derechas, deben cambiarse por un bien mayor. O será que eso es lo que yo pienso, que ya sabéis que soy muy inocente.

Insisto, la democracia, tal como está ahora mismo, me parece la opción menos mala de las que conocemos. Empieza a haber mucho listo que cree que ahora todo lo que sale por la tele es mentira y lo que se lee en twitter es la verdad absoluta. Ni lo uno ni lo otro, que ambos medios son igual de manipulables. Y no nos engañemos, twitter no es la panacea. Twitter, Facebook, los blogs... son cosas maravillosas pero no son perfectos, como no lo es nada que cree el ser humano. En manos de la gente correcta (en este caso, incorrecta) todos se pueden usar para manejar a la gente en un sentido u otro, no pensemos que por ser más populares están libres de manipulación. Hemos tenido más de una prueba de bulos que han corrido, aunque se hayan descubierto. Y quien sabe cuantos no habremos llegado a descubrirlos.

Yo sólo tengo una cosa muy clara respecto a quien quiero que me gobierne: estoy de acuerdo con la amiga @LoreVentoso: El día que Amancio Ortega se presente, yo le voto For President. Si gestiona España como gestiona el grupo Inditex, nos convertimos en la mayor potencia del mundo en meses.

Post dedicado a @monicamtinez, por sugerirme las últimas lecturas, que me están encantando, y por los buenos ratos compartidos en Twitter.

jueves, 18 de agosto de 2011

15M VS JMJ: De Perroflautas y Papaflautas

Perroflautas abucheando a papaflautas
Imagen de El Pais
Para empezar, una cosa quiero dejar bien clara: estoy en contra de esas Jornadas Mundiales de la Juventud que están montadas estos días en Madrid. No entiendo su sentido. Es una especie de gran quedada, donde todos esos católicos, apostólicos y románicos se reúnen a pasar unos días. Y me parece muy bien que cada uno se reuna con quien quiera y cuando quiera, pero es toda la parafernalia que hay alrededor la que no me gusta. En el fondo, es como una especie de macroquedada para ir a ver un concierto de Lady Gaga, solo que aquí el que da el cante es un cura elevado a la categoria de santo papa y de jefe del Estado Vaticano.

Y es que como resulta que no soporto la iglesia, pues estas cosas me pueden. No soporto el chiringuito que tienen montado allá en el vaticano, con su propio estado, policías, etc. No soporto que tengan la desfachatez de pedir limosna para los necesitados mientras atesoran millones de euros en arte, oro y cosas que ni imaginamos. No soporto que haya un señor, elegido por una jerarquía política, que se autodenomine representante de Dios y que decida lo que deben o no deben hacer millones de creyentes. No soporto que luchen contra los falsos ídolos mientras adoran estatuas, cruces y a un señor que, insisto, no es más que el jefe de estado de un micropais que se han montado. Y ojo, que sí respeto a los creyentes. Me parece que creo en Dios, aunque no estoy muy seguro, y sé que hay mucha gente que vive la religión de una manera muy diferente a todo este tinglado eclesiástico gobernado por el Vaticano. Para todos ellos mi sincero respeto, pero hablamos de lo de Madrid estos días y esto no es más que otra prueba del poder de esa franquicia que ha montado el Vaticano. Y no me gusta, aunque allá cada cual, que haga lo que quiera.

No voy a entrar a hablar de si está financiado con dinero público o con donaciones de empresas privadas, no hablaré del coste para las arcas en seguridad, no hablaré de las molestias para los madrileños por un grupo de creyentes en una religión, no hablaré de las ventajas turísticas y/o el impacto publicitario para la ciudad de Madrid. Eso que lo miren los expertos. Yo solo digo que no lo acabo de entender y que no me gusta.

Y dicho esto, tengo que decir que lo que leí y vi anoche que sucedió en la Puerta del Sol me pareció bochornoso. Y no por los del JMJ, sino por esa panda de descerebrados viscerales y anarquistas que se han apropiado del 15M. ¿Esos de anoche son los que hace 3 meses tenían montado un Ágora en Sol para que TODOS pudieran hablar? Los que anoche estaban intentando apoderarse de la plaza como si de un objetivo militar se tratase, gritando que era suya, ¿son los que quieren democracia real? Esos que provocan a la policia (unos cuantos cientos de personas gritando, a unas decenas de policia es una provocación, aunque no lleven armas, y lo saben perfectamente) ¿son los que están luchando por un futuro para ellos y para sus hijos? Si claro, la democracia se defiende con la cara tapada, como iban unos cuantos, para que no les reconozcan. Si esa es la democracia que defienden, la del "no me da la gana que gente con unas creencias religiosas se paseen por MI Puerta del Sol", pues prefiero quedarme como estoy, por malo que sea esto, oye.

Eso es lo que ahora está quedando del 15M: Basura. Unos cuantos radicales, muchos, que se han apropiado de esos nombres de Indignados, 15M, SpanishRevolution... Gente que ya no quiere que todo el mundo se pueda expresar, sino que quieren que sus ideas prevalezcan sobre las demás. El auténtico espíritu del 15M,  el que yo entendí en su día, hubiera acogido a los de las JMJ y hubiera hablado con ellos, les habría prestado su Ágora para exponer las ideas y rebatirlas. Lo que nunca hubieran hecho es lo que quería anoche: asustarlos, amedrentarlos, prohibirles estar en un espacio que, no se porque razón, los "indignados" se han creído que es suyo.

Y ahora resulta que el indignado soy yo. Y enfadado, porque al final, y mira que me jode, resulta que tenia razón hace unos meses cuando decía que este movimiento acabaría siendo politizado. Y así ha sido. Ahora está en manos de radicales y anarquistas que nada quieren saber de libertad, que solo quieren SU libertad para hacer lo que a ellos les salga de ...., pero si alguien quiere hacer algo que no les gusta, pues a por ellos. Y me toca la fibra. Y me indigna, que también tengo derecho a estar indignado. ¿O es que resulta que si no me indigno por lo mismo que ellos no puedo indignarme?

Lástima que al final todo lo que empieza con la mejor voluntad y con ganas de hacer algo bueno, acabe cayendo en manos de gente que lo destroza. Ya sea un movimiento esperanzador como fue el 15M, ahora en manos de intolerantes. Ya sea una buena religión, ahora en manos de unos capitalistas de la fe y especuladores de sentimientos para beneficio de sus arcas.

Y ahora que lo pienso, visto así, puede que perroflautas y papaflautas no sean tan diferentes.

lunes, 15 de agosto de 2011

Mi primer trabajo

Y no hablo en general, hablo en concreto de la primera tarea que tuve que realizar como trabajador asalariado y contratado. Y creo este primer día me marcó. O mas bien eso que ocurrió es representativo, en cierto modo, de la forma que tengo de ver el trabajo. Fue hace tiempo, pero mucho mucho tiempo y sin embargo lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Es más, posiblemente muchas cosas que me sucedieran ayer no las recuerde tan bien como aquella primera tarea que me encomendaron en mi primer trabajo. Fue allá por finales de Mayo del año 89 (ya os avisé que hacía mucho tiempo). Hacía unos meses que un compañero de clase y yo habíamos hecho un examen para entrar a trabajar en una empresa de informática que no conocíamos de nada. Pusieron un anuncio en el periódico y allá que Antonio y yo echamos nuestros pobres curriculums para intentar entrar.

Batallitas de abuelo cebolleta

Llamaron en poco tiempo y, como digo, nos pusieron un examen. Teníamos que hacer 4 cosas en COBOL que se supone que eran tremendamente básicas y sencillas para cualquier programador. Nosotros aún estábamos terminando el último año de FP II y aunque habíamos estudiado mucho de ese lenguaje de programación, lo que nos proponían nos sonó a chino mandarín. Ni idea de como podíamos acceder a unos ficheros, de como cambiar las claves para ordenar, etc... Hicimos lo que se nos ocurrió con la certeza de que no íbamos a entrar a trabajar ahí y salimos con la convicción de que lo que estábamos estudiando no nos serviría para nada en el mundo laboral. Cuando saliéramos de esa burbuja de estudiantes en la que habitábamos, el mundo iba a ser muy distinto y muy duro ahi fuera. Como hubiera dicho Furillo, tendríamos que tener mucho cuidado ahí fuera.

Pasaron las semanas y, efectivamente, no nos llamaron. Nos olvidamos del asunto pero resulta que unos meses después, al llegar a casa (os recuerdo que era el 89, no había móviles) ambos teníamos una llamada de parte de Yoli, la secretaría de aquella empresa, diciéndonos que la llamáramos para concertar una entrevista. Encantados de la vida, nos llamamos para compartir la buena nueva y concertamos la cita, ambos el mismo día. Habló con nosotros un tal Rafael Conde (que recuerdos) y nos puso las cosas muy claras. El examen nuestro fue una porquería y no pensaban llamarnos. De hecho, ya había gente que había empezado a trabajar de los que hicieron el examen. Sin embargo, el trabajo se iba acumulando y, antes de montar otras entrevistas, examenes y toda la parafernalia, decidieron darnos una oportunidad. Además, lo de ser estudiantes y tan jóvenes lo veían como ventaja, como tener un par de diamantes en bruto. Y fue más sincero aún. El examen de Antonio, mi compañero, le había dado mejores sensaciones, pero habían decidido darnos una oportunidad a ambos.

Estuvieron de acuerdo en que, para 3 semanas de clases que nos quedaban para terminar el curso, no ibamos a tirar tres años a la basura, así que comenzamos trabajando sólo por las tardes. Salíamos de clases y con un bocadillo en el cuerpo íbamos a trabajar. Y ese iba a ser el plan, pero antes incluso de incorporarnos, nos hicieron un encarguito.

Nuestro nuevo jefe necesitaba los datos de un cliente en la oficina para poder trabajar con ellos haciendo unas modificaciones en el programa del cliente. Cosas como el correo electrónico, la conexiones remotas y ese tipo de historias eran casi ciencia-ficción en aquellos años. Es cierto que ya había algo, pero muy muy lejano. Por tanto, la única forma de acceder a esos datos era pasar por el cliente y hacer una copia física para llevarla a la oficina. ¿Y como? Pues el método más extendido en mi nueva empresa era el streamer. Si conocéis ese sistema, es que sois de mi quinta, o muy cerca. Es ese mamotreto de cinta que tenéis aquí al lado. Era mucho más moderna que las cintas magnéticas esas de rulo que se veían en las películas (que también manejé un poco), del tamaño aproximado de una cinta de VHS y con mucha más capacidad que los diskettes.

Estaba pensando explicarlos la capacidad de los diskettes, pero también tendría que explicar la de los discos duros, la cantidad de memoria que manejaban aquellos monstruos... Sería hacer una comparativa tremenda y brutal sobre como la informática ha evolucionado y sobre eso hay mucho escrito. Solo diré que cualquier móvil de hoy en día (no smartphones de última generación, móviles cutres) doblan o triplican la capacidad de aquellos trastos que costaban varios cientos de miles de pesetas y solo se los podían permitir ciertas empresas.

Volviendo a la tarea que me encomendaron aquel día, el trabajo era sencillo. El cliente del que mi jefe necesitaba los datos estaba cerca del instituto donde nosotros estudiabamos por la mañana terminando el curso. La cuestión era aprovechar el tiempo de recreo para acercarnos y hacer una copia en un streamer que nos dieron. Sencillo. El sistema era Xenix (una versión de Unix, precursor de Linux) del que nosotros tampoco teníamos ni idea. Todo lo que habíamos aprendido era MS-DOS y CP/M, que era lo que se supone que íbamos a encontrar cuando saliéramos a la calle a trabajar. De nuevo una muestra de lo preparados que saldríamos al terminar los estudios, pero teníamos un papel escrito por nuestro jefe con las instrucciones paso a paso que debíamos seguir. Meter el streamer, seguir las instrucciones y esperar que la luz de la cinta se apagase para volvernos.

Y nos encaminamos felices a hacerlo cuando de repente surgió la duda: ¿Como narices se metía la cinta? Empezamos por reírnos y abrimos la caja en busca de alguna flecha que lo indicase, algún dibujito o algo así. Nada de nada. Como diría el poeta: cero patatero. Y empezó a entrarnos cierta angustia. Os recuerdo que éramos dos chavalitos recién llegados a la mayoría de edad, a los que psicologicamente se nos había "maltratado" el día anterior diciéndonos que empezábamos a trabajar sin mucha esperanza de continuidad y allí estábamos, subiendo aquella interminable cuesta estudiando ese trasto buscando inspiración divina sobre como debíamos introducirla.

Entre bromas, risas y nervios llegó el momento. Entramos con aplomo, nos presentamos y nos dispusimos a hacer nuestro trabajo. Mi "amigo" me cedió el sitio y me dio el streamer para que lo metiera. Entre nuestras cábalas habíamos deducido qué parte debía ir hacia dentro, o eso creíamos, pero no sabíamos que parte iba hacia la derecha y cual hacia la izquierda. Si las primeras deducciones eran correctas, teníamos un 50% de probabilidades de acierto a la primera. A las malas, un segundo intento debía ser suficiente. Con determinación, cogí la cinta la puse en una de las 2 posturas posibles (según nuestros cálculos) y empujé. Algo dura, pero se acopló, unos cuantos chasquidos y listo. Aquello estaba en su sitio y pudimos hacer el resto del trabajo sin problemas. Objetivo conseguido.

Y feliz y contento empecé a escribir aquello que nos habían escrito en el papel, sin tener ni idea de lo que hacía, pero viendo que aquello reaccionaba, que la cinta hacía ruido, que aparecían mil letritas en la pantalla de fosforo verde. Y todo terminó bien y felices y contentos nos marchamos. Por la tarde entregamos la cinta a Rafael, que comprobó que estaba correcta. Y así terminamos correctamente nuestra primera tarea como trabajadores asalariados.

La moraleja

Si por algo me estoy acordando de esto últimamente es porque siento que los trabajadores que hay en mi entorno son, en su mayoría, cobardes, poco resolutivos, poco lanzados... no se bien como lo definiría. El caso es que siempre he tenido claro que en el trabajo hay que asumir riesgos, que no todo está siempre 100% controlado y que cada uno tiene que asumir la parte de responsabilidad que le corresponde. En esta historia que os he contado, podríamos haber pedido permiso al cliente para llamar a nuestro jefe y preguntarle como se metía, o incluso haber preguntado al cliente, pero realmente el riesgo era mínimo, nada iba a romperse (en teoría).

Hoy en día, al menos en lo que a mi me rodea, noto que cada vez la gente va más sobre seguro. Gente ha llamado a la oficina o a quien fuera para que le explicase "como meter el streamer", por seguir con el ejemplo. Es así de penoso. La gente es incapaz de asumir ningún riesgo, por mínimo que sea, ni de tomar decisiones por su cuenta. Si algo sale mal, siempre podrán escudarse en el "es que a mi me lo dijeron así". Y muchas veces la persona que le da la instrucciones tiene exactamente los mismos parámetros para tomar una decisión, los mismos conocimientos, pero se arriesga a decir algo, a hacer algo. Lo único que tiene de más es esa capacidad de arriesgar, de valorar riesgos y tomar decisiones.

En esa empresa de informática, donde empecé metiendo un streamer en un ordenador NCR, aprendí que en el trabajo hay que saber tomar decisiones, hay que saber ser independiente, hay que saber resolver los problemas por ti mismo, sin escudarte en nadie. Eso lo llevo también hoy en mi trabajo y en general en mi vida. No me gusta la gente que se esconde detrás de los demás para no tener que tomar decisiones. Esa gente que necesitan llevarlo todo masticado y tener 20 redes de seguridad. Esta gente para mi no es tan valida como quien toma decisiones y piensa por si misma, porque requieren que haya gente capaz de dirigirlas a cada momento. Es como tener un robot teledirigido. Es necesario, pero siempre requieren que haya alguien detrás dando instrucciones, no los puedes dejar solos trabajando.

Me gusta la gente que es capaz de improvisar, que es flexible, que se adapta a lo que la situación requiere rápidamente, que sabe tomar decisiones aun a riesgo de equivocarse. Y por supuesto que a veces nos equivocamos. Es el peligro de tomar una opción: no sabes si es la correcta hasta que no ves el resultado. Pero ese gusanillo me gusta. Y sobre todo no soporto a la gente que no es capaz de asumir su porción de riesgo.

Quizás por eso últimamente me siento tan atraido por el trabajo de los periodistas, porque imagino que son personas de las que a mi me gustan: con capacidad para improvisar y decidir, de adaptarse a cualquier cosa. Gente que cada mañana llegan a su trabajo sin tener claro que es lo que ocurrirá. Y eso me gusta. Hubo un tiempo, sobre todo en aquella época, en la que siempre decía que no quería ser funcionario, que no quería tener claro cada mañana lo que iba a encontrarme en el trabajo. Me hago mayor y muchas veces empiezo a pensar que quizás eso me gustase, pero en el fondo sé que no. Sé que me gusta ese no saber cada día a que me voy a enfrentar. Y lo que tengo ahora no es eso, pero a veces se le parece y esas veces lo disfruto. Sobre todo, cuando me dan la libertad y la confianza suficiente para tomar esas decisiones que hay que tomar.

domingo, 7 de agosto de 2011

El fútbol y la radio

Ya sé que últimamente no me prodigo mucho por aquí y de repente lo hago para hablar de un tema extraño, que le vamos a hacer. Será este tremendo calor veraniego que me tiene las neuronas algo reblandecidas.

Como ya sabéis los que me conocéis, el fútbol no me apasiona. Tampoco es que lo odie. Si hay algún partido mas o menos interesante, hasta lo veo. Y los domingos tampoco me molesta poner en la radio el carrusel y escuchar esa juerga que se montan en la radio hablando de todo, incluso de fútbol. Por gustarme el mundillo de la televisión en general y por tener un trabajo relacionado con el fútbol en televisión, siempre he estado más o menos al corriente de las guerras sobre los derechos televisivos. Y reconozco que nunca se me ocurrió plantearme que las radios no pagasen esos derechos.

Montan horas y horas de programación, al margen de los informativos, alrededor de los partidos. Los domingos desde las 5 o así hasta las 12 de la noche. Y los sábados, y los días de Champions o de Copa del Rey o de Copa de ron.... Y al igual que las televisiones pagan burradas por los derechos para transmitirlos, estaba convencido que, de alguna forma, las radios también. Ya fuera individualmente cada cadena o a traves de acuerdos con las asociaciones, no se. Nunca lo pensé demasiado, lo daba por hecho.

El caso es que el otro día un twit de Julia Otero me intrigó porque hablaba de que las radios no tenían que pagar por retransmitir el fútbol. Le pregunté pero no me respondió, así que más intrigado aún me puse a buscar. Y os cuento. Al parecer hasta hoy las radios se consideran como informadores y ellos además agregan que su visión es subjetiva y no un reflejo fiel de la realidad, por lo que no deben pagar como una television que, según las emisoras de radio, si restan espectadores en los campos, mientras que ellos no. Por tanto, ellos quieren seguir recibiendo el mismo tratamiento que los periódicos y no pagar un euro a la Liga de Fútbol Profesional. Y estando así las cosas, yo os digo mi modestísima opinión.

Me parece muy injusto que no paguen. Así de claro. Me parece muy injusto que las televisiones paguen millonadas, pero es la ley de la oferta y la demanda. Si pagan esas barbaridades es porque reciben ingresos de sobra y es lógico que la LFP quiera su parte, ya que ellos ponen el soporte: el fútbol. Si escucháis un partido por la radio está repletísimo de publicidad. En todo momento, directa e indirecta, que si patrocinios, que si cortes... y todo esto es dinero del que veo normal que la patronal del fútbol quiera llevarse una parte.

Y tras el calentón inicial de las emisoras poniendo el grito en el cielo y negándose a negociar y amenazando con plantarse y no retransmitir los partidos, parece que las negociaciones están ya en marcha y se barajan cifras alrededor de 15 millones de euros, según leo por aquí. Y no sé si será esa cifra, mas o menos, pero al final pagarán. Porque al final lo que es lógico es lógico. Y una cosa es informar a posteriori de lo acaecido y otra retransmitir un partido en directo, no comparemos.

Y supongo que es muy discutible lo que he dicho y que yo no entiendo de nada. Yo parto de una base: me parece demencial que se pague a un tío 40, 60, o 100 millones de euros por jugar al fútbol. O al chinchón, si fuera el caso. Pero si se le paga es porque lo vale, porque genera más dinero aún gracias a publicidad, derechos de televisión, de imagen, entradas, .... Y si alguien saca tajada publicitaria, como hacen las radios, del "trabajo" de ese tío, es de recibo que quien ha pagado esa millonada reciba su parte.

¿Y sabéis una cosa? Que acabo este post indignado. Hablando de millones de euros como si fueran garbanzos. Y hablamos de cifras que salvarían miles de vidas, pero miles, en sitios donde necesitan cosas tan sencillas como un plato de arroz o un vaso de agua potable. Y no tenía intención de hablar de esto en este post, pero a veces las ideas surgen y no me apetece contenerlas, ya os conté como escribía las entradas, de una forma poco centrada y sin guión previo. Pero es lo de siempre: si se les paga es porque lo valen, porque de uno u otro modo todos los que ven el fútbol, compran camisetas o compran acondicionadores de pelo Giorgi porque los anuncia Villa los pagan.

Y en lo que me ocupaba cuando empecé este post, seguro que al final las radios pagarán. Y si pagan 15 millones será porque entre pipas, viajes y jamones sacan 30 o posiblemente 50. Y más vale perder un trozo del pastel, que quedarse sin postre por una rabieta.