Me he mudado



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martes, 26 de enero de 2010

Confianza confirmada

Corto post hoy, solo para dos cosas. Primero, confirmar que por ahora la confianza depositada en cierta persona sigue intacta, ya que se ha comprobado que lo que yo temía que podía haber ocurrido, finalmente no ha sido así, de lo cual me alegro mucho.

Por otro lado, aprovechar para animaros de nuevo a comentar pero, por favor, dad razonamientos. Al post de ayer alguien publicó un escueto "Estás muy equivocado". Me hubiera gustado que nos explicará en que está el error. Si no se debe confiar nunca en las personas, si hay que ser mas confiado, si no hay que decepcionarse.... no se, es que no se a que se refería con ese estás equivocado. Por supuesto, a lo que yo me refería acerca de esa posible decepción no podía referirse, ya que se trata de algo muy muy personal que nadie conoce excepto yo.

Comentad, no os cortéis, aunque no estéis de acuerdo con lo que escribo, pero siempre con respeto y, sobre todo, dándonos argumentos. Es una manera de que todos aprendamos de todos.

lunes, 25 de enero de 2010

Confianza

Será que empecé joven a trabajar, pero el caso es que las cosas que aprendí en mi primer trabajo me han marcado de por vida. Las recuerdo frecuentemente, como pudisteis ver hace unos días en mi anterior post sobre Montse. Hoy tengo en mente una conversación que recuerdo perfectamente, como si hubiera ocurrido ayer mismo. Recuerdo el coche en que íbamos y recuerdo por donde estábamos pasando. En aquella ocasión, hablando sobre problemas personales y laborales, otro compañero me dijo una frase que me marco:

Tu problema es que confías en la gente hasta que te demuestra lo contrario. El mío es el contrario, no me fio de nadie.

Ni un extremo ni otro, ni confianza extrema ni desconfianza total. Hay que buscar el punto intermedio. Hay que observar a la gente, conocerla y darles un margen de confianza, aunque no un cheque en blanco.

En estos días me he acordado de esta frase por una conversación que he mantenido con esa nueva y sorprendente amiga de la que os he hablado en alguna ocasión. De nuevo, me ha demostrado la capacidad que tiene para conocer a la gente, como es capaz de, con pocas conversaciones, calar a las buenas y malas personas. Ha conocido a una persona a la que yo conocí hace unos años y que, durante un buen puñado de meses, me tuvo bastante engañado, pensando que era alguien divertido y buena persona, cuando en realidad era un falso y bastante mala persona. A mi me pudo engañar durante un buen tiempo, pero ella lo ha calado en menos de una semana. Impresionante.

Esto, unido a otra cosa que ha sucedido esta tarde, me hace recordar que soy una persona demasiado confiada. Pese a los años, los palos y las decepciones que me he llevado (que han sido muchos), sigo igual. Sigo entregando mi confianza con demasiada facilidad a las personas, y sigo llevándome palos. Lo que puede que haya ocurrido hoy no sería un gran palo, porque aún no me había confiado demasiado, pero si se confirman mis temores, si sería una nueva demostración de que sigo sin aprender.

Sigo sin acabar de conocer a las personas, sigo confiándome demasiado a los demás. Tengo que aprender a ver mas allá de lo que la gente dice, valorar sus actos y aprender que la confianza es algo que debe ganarse con el tiempo. Ojalá lo consiga y, sobre todo, ojalá lo que pienso que ha ocurrido hoy no haya ocurrido realmente y haya otra explicación, que aún es posible.

¿Veis? Sigo confiando en la gente, en que no me llevaré la "decepción".

jueves, 21 de enero de 2010

Tormenta

Ya comenté en el twiter que hay vientos de cambio en mi oficina. Mas que vientos, huracanes. Todas las predicciones y todos los indicios nos van diciendo que se avecina una gran tormenta, de esas capaces de poner la casa patas arriba. Se ven algunas cosas, ya se han producido algunos cambios, pero parecen solo las primeras gotas de la gran tormenta, el adelanto de lo que se avecina.

A ver, entendamos una tormenta no necesariamente como algo negativo y destructivo. A veces, tras la destrucción de la tormenta, vuelve a resurgir todo con mas fuerza. Se depura lo debil, se refuerza lo sólido, se lleva las malas vibraciones. No es fácil resistir una tormenta, hay que estar bien cimentado, pero a la vez ser flexible. Estos días, con todo lo del terrible terremoto de Haití, me quedo impresionado viendo como edificios de 2-3 plantas se vienen abajo. Internet está lleno de videos de grandes edificios de Japón, mucho mas grandes que el que han sufrido los haitianos, y que resisten estoicamente las embestidas de la tierra, aunque pueda pensarse que al ser mas grandes y altos deberían sufrir mas. Gran parte del secreto está en la flexibilidad.

Estos grandes edificios están diseñados para soportar grandes terremotos, pero no mediante la fuerza bruta. Parte de su secreto está precisamente en no ser tan duros. En lugar de resistirse a los movimientos de la tierra, se mueven con ella, cimbrean como los juncos en el viento, para luego volver a su posición original. En vez de resistirse, se adaptan.

Esto es lo que creo que va a ser muy necesario para resistir la tormenta que se avecina. Creo que va a remover parte de los mas profundos y sólidos cimientos de la empresa, aunque nunca con ánimo destructivo, sino con intención de afianzar la bueno y con la esperanza de que todo resista, que el trabajo de ingeniería realizado durante años haya sido suficiente como para que ningún edificio se caiga. Puede que alguno se venga a abajo, de hecho, hay ciertas dudas sobre la resistencia de algunos de estos edificios, pero creo que la esperanza general es que aguantarán.

Los truenos comienzan a sonar fuerte, ya han caído algunas gotas y los rayos son cada vez mas frecuentes en el horizonte. No falta mucho para la gran tormenta. Habrá que ver su fuerza final, si es tan intensa como se prevé o finalmente se desvía y nos toca solo de pasada. Y si finalmente azota de lleno, habrá que ver la capacidad final que tenemos todos los edificios para soportar su fuerza.

martes, 19 de enero de 2010

Montse

El título de este post es el nombre de una compañera de mi antiguo trabajo. Creo que ya he comentado en alguna ocasión que en mi ya larguita vida laboral, solo he tenido 2 trabajos. En el primero estuve 13 años y en el segundo sigo ahora mismo después de unos cuantos años.

El primero, me me pillo en la tierna adolescencia prácticamente, con 18 añitos recién cumplidos. En el me vi rodeado de gente mayor que yo y de la que aprendí mucho a nivel laboral y personal. Con nuestros mas y nuestros menos, nuestros roces y encuentros, el ambiente era bueno. Algún día creo que dedicaré un post a mi antiguo jefe, del que guardo un grandísimo recuerdo. Pero el caso es que muy a menudo recuerdo un par de frases que me dijo en alguna ocasión Montse. No es que fuera mi amiga del alma aunque, como a todos, le tenía mucho aprecio. Tenía mas relación con otros compañeros, pero aprendí mucho de Montse en el terreno laboral y alguna que otra cosa en el personal/profesional, como la que voy a contar hoy.

No recuerdo a santo de que estábamos hablando una vez sobre sueldos, trabajo, horas extras, etc... Yo, en mi tierna inocencia ya perdida, tenía un poco al jefe como mi dueño. El me pagaba, por lo que podía exigir lo que quisiera a nivel de horas, esfuerzo, etc. Como si yo me sintiese su esclavo por el simple hecho de recibir mi sueldo a final de mes. Ella me abrió los ojos. En esta conversación me dejó muy claro el tema: trabajar no es mas que una transacción comercial. El paga y a cambio recibe tu trabajo. Es una forma de verlo mucho mas igualitaria. Tu necesitas su dinero, pero el necesita tu trabajo, así que es un acuerdo mutuo, no debía sentirme por debajo de mi jefe, aunque tampoco por encima. Tampoco es que nadie sea imprescindible. Si tu no realizas tu trabajo, otro vendrá a hacerlo, pero igualmente si el no te paga lo que consideres justo, puedes marcharte y ofrecer tu producto (tu trabajo) a otro que quiera comprarlo.

Es sencillo, pero muchas veces se nos escapa. Esta mañana, hablando con un compañero sobre horarios, decía que el no tenía horario, que su trabajo era así. Lo explicaba claramente y, por supuesto, lo decía en serio. Yo no compartía y no comparto esa opinión. Un trabajo debe tener o bien un horario o bien una libertad absoluta. Desde el momento en que tu tienes, por fuerza, que estar en tu puesto de trabajo a las 8 de la mañana, salvo causa de fuerza mayor, la libertad total no existe. Por tanto, el acuerdo es bastante extraño. ¿Tu sueldo es fijo, pero el número de horas que "vendes" es ilimitado? No lo veo una transacción justa.

Si tengo unos mínimos que cumplir, ¿porqué no hay unos máximos? Vale, entiendo que especialmente en su puesto no se puede llevar a rajatabla un horario, pero entiendo que hay que tener unas bases establecidas, unos límites que te indiquen cuando estás malvendiendo tu tiempo, uno de los bienes mas preciados que tenemos, porque el tiempo es la vida). Entiendo que, en determinados momentos, haya que realizar algún sobre-esfuerzo adicional, regalar parte de ese tiempo tuyo en bien de la empresa, pero tiene que quedar claro que estás haciendo eso: un regalo, un sobre-esfuerzo. Si no se fijan unas bases es como firmar un cheque en blanco.

Es como llegar a El Corte Inglés, pagar 1000 euros y tener libertad para llevarte todo lo que quieras. Por supuesto que nadie lo vería lógico, ¿verdad?. Pues yo lo veo igual: el jefe obtiene por 1000 euros (o 1500 o 3000 o 700, la cantidad no la se ni me interesa) a cambio de poder disponer de TU tiempo siempre que quisiera. No es normal.

El trabajo es una transacción comercial, por desgracia. No es un lugar al que vayas por placer. Yo por placer me quedaba en casa jugando a la XBOX, o me iba con mis amigos de cafés y cervezas, o me iría de viaje a Viena. Voy a trabajar porque hay un acuerdo: te vendo X horas al día a cambio de que me pagues X al día. Sencillo.

Ojo, lo digo desde la tranquilidad y la pausa. Desde que ha empezado el año, he cambiado mi forma de enfocar el trabajo, y espero que dure mucho. No lo digo desde el resentimiento, ni desde el enfado. Estoy muy tranquilo y tengo las cosas muy claras, precisamente gracias a esta frase de Montse. Tengo muy claro que durante esas horas que he vendido tengo que dar el 100%, pero no mas. No se me puede exigir ni el 150& ni X horas más porque sí. En fin, que estoy muy tranquilo, pero me ha llamado la atención esa conversación esta mañana y quería compartirla con vosotros.

Por supuesto, cada uno ve las cosas desde su punto de vista y respeto la visión de ese compañero, pero el respeto no implica que lo vea igual y el tampoco tiene que verlo de mi manera. Cada uno somos felices viendo las cosas con el color de nuestro cristal.

jueves, 14 de enero de 2010

"Marcar y marcharnos, marcar y marcharnos"

Las palabras que titulan este post me han calado hondo hoy. Están dichas por uno de los voluntarios que han partido hoy o ayer hacia Haití a intentar rescatar gente con vida en medio del desastre provocado por el terremoto, del que seguro que habéis visto imágenes u oído noticias. Aún no hay ninguna cifra medianamente oficial sobre las cifras de fallecidos, pero lo mas preocupante, según se lee, es la escasez de medios con la que cuentan para salvar vidas.

No hay equipos especializados en encontrar gente viva entre los escombros, los principales hospitales están destruidos y hay problemas para que los países que quieren ayudar envíen materiales y personas por la destrucción de las principales vías de comunicación: puertos y aeropuertos. Un auténtico desastre, una tragedia.

Entre los especialistas necesarios están esos perros que hemos visto ya muchas veces en otras escenas de desastres naturales. Son perros especialmente adiestrados para encontrar gente viva entre los cascotes. Gente que puede ser rescatada, padres que pueden no dejar huerfanos a sus hijos o hijos que pueden seguir haciendo felices a sus padres. Por supuesto, la rapidez es vital, nunca mejor dicho. Cada minuto cuenta, porque una vez localizada esa persona, hay que llegar hasta ella y rescatarla, tarea que por supuesto no debe ser fácil. Cada día que tardan en llegar allí estos equipos, pueden ser vidas perdidas.

Como he dicho, las palabras que titulan este post las he escuchado en boca de uno de los bomberos que van con esos perros buscando vidas que salvar. Supongo que a preguntas del peridista sobre cual era su tarea allí, respondía con estas palabras:

Marcar y marcharnos, marcar y marcharnos. Es así de triste, pero hay muchas víctimas que nos están esperando y hemos de ser efectivos.

Me ha hecho pensar. Venían de una persona involucrada y, en mi opinión y sin conocerlo de nada, alguien que seguro que se preocupa mucho por las vidas humanas, hasta el punto de donar parte de su tiempo a ayudar a los demás y salvar vidas. A ver, supongo que ganará su dinero, será un trabajo, etc... pero hay que decidir dedicarse a eso y me parece que hay que ser de una manera especial para escoger esa opción, que todos la tenemos en nuestra mano y que pocos elegimos.

Todo este tema viene porque son palabras duras, frias, calculadoras... Se aísla de las personas y piensa en lo que hace como un trabajo, pero a su vez esta frialdad es la que puede hacerle salvar aún mas vidas. No puede detenerse a preocuparse por saber si ese cuerpo que ha encontrado saldrá con vida o no, que problemas encontrarán las personas y/o máquinas que tienen que sacarlo. Ese no es su trabajo, ese es el trabajo de otros. Su trabajo es marcar y marcharse. Punto.

Es curioso, tanta frialdad precisamente para hacer algo tan humano como salvar vidas.

lunes, 11 de enero de 2010

Desmotivado

Si, estoy desmotivado. Muy desmotivado. Hablo, por supuesto, del terreno laboral.

Han hecho falta solo unos pocos días de vuelta a la rutina para darme cuenta de que lo que me sucede con el trabajo es sencillamente eso. Supongo que estas fiestas navideñas, en las que he tenido vacaciones, me han ayudado a ver las cosas con algo mas de perspectiva, fuera de la vorágine y el estrés diario. Como suele decirse, muchas veces los árboles no te dejan ver el bosque. He salido del bosque unos días y me he dado cuenta que lo que sucede es que, directamente, no me apetece trabajar donde trabajo y, en general, con la gente que trabajo.

Vale, a poca gente le gusta su trabajo, pero tengo que reconocer que a mi me gustaba. Me gustó durante los muchos años (13) que estuve en mi anterior empresa, y me gustaba bastante el trabajo que hacía en este. Pero ha llegado un punto en el que he perdido toda motivación.

¿Como me motivo? Pues viendo cosas terminadas, viendo trabajo bien hecho, viendo reconocido mi trabajo, haciendo día a día tareas a las que vea algún sentido y sintiendo que mi trabajo sirve para algo. Prácticamente ninguna de estas cosas se cumplen hoy por hoy donde estoy. Nunca me puedo marchar a casa con la sensación de el trabajo bien hecho y terminado. Por supuesto, en ningún trabajo se termina todo completamente. Mala cosa es irte a casa sin nada pendiente. Siempre quedan cosas por hacer, pero puedes tener un orden, puedes sentir que hay cosas terminadas, que lo de hoy está listo y que mañana será otro día. Aquí y ahora, no hay nada de eso. Cada día empieza igual. Cada día tienes muchas cosas pendientes del día anterior y, aunque no pare durante las 9 horas que estoy trabajando, me voy a casa con la sensación de no haber terminado nada de lo que empecé teniendo pendiente. Vas capeando el temporal del día, solventando papeletas, liquidando asuntos sobre la marcha, y te das cuenta que al final no has hecho nada de lo previsto.

Pero lo peor del tema es cuando nada de lo que has ido solventando se ve reconocido. Cuando llega una reunión y solo te echan en cara todo lo que NO has hecho y en ningún momento ves reconocido todo lo que SI has hecho durante el día. Ya lo he dicho aquí mas de una vez y se que todos coincidís en que es normal que los jefes no reconozcan el trabajo, pero es que ya aburre, desmotiva. Aún no he vivido este año ninguna de esas broncas, pero se que llegarán, porque siempre es igual.

En la famosa comida de empresa, el gerente tuvo unas palabras de reconocimiento para algunos compañeros a los que nunca nos dice nada bueno, yo entre ellos. Y vale, se agradece. Pero, ¿sabéis una cosa?: La moral y el ánimo de los trabajadores es un poco como la amistad o el amor. No vale de nada regalar un inmenso ramo de rosas rojas el día de San Valentín a tu pareja. No vale demostrar el cariño una vez al año y luego dedicar los 364 días restantes a descuidar ese cariño. La amistad y el amor hay que cuidarlos como a las plantas, con un poquito de cariño a menudo, no con dar un chutazo de abono una vez al año. De poco sirve eso.

No quiero parecer desagradecido. Por supuesto, agradezco aquellas palabras, pero creo realmente que no hubieran sido necesarias si mas a menudo se notasen gestos mucho mas pequeños que fueran alimentando el ánimo para enfrentarse día tras día al duro trabajo. Se que esto no se producirá, tuve otro ejemplo el pasado viernes de esta falta de reconocimiento, y por eso me desmotivo. Y me da mucha rabia.

Principalmente me da rabia porque el ambiente podría ser mucho mejor. Porque el trabajo en si podría gustarme. Porque muchas veces pienso que podría hacer muchas mas cosas si el trabajo estuviese bien organizado. Porque creo que podría llegar cada mañana con ganas de trabajar y hacer cosas. Porque estando a gusto no me importaría dedicar ahora un par de horas a trabajar en casa organizando las muchas cosas que me gustaría hacer en la empresa (página web, correos, actualizar ordenadores, listados de control de albaranes, actualizar la contabilidad conectándome a la oficina...) Pero para esto hace falta motivación, y es algo que, por mucho que busco, no encuentro.

Y no estoy deprimido, solo desmotivado. Seguiré haciendo mi trabajo, porque no me queda otra, y seguiré viendo pasar los días uno tras otro esperando que pasen las horas de trabajo para poder hacer cosas que realmente me motiven y que, por supuesto, no tendrán nada que ver con el trabajo.

sábado, 9 de enero de 2010

Caos II: Caos

Hable ayer de mi padre, de sus inquietudes artísticas, de su afición por la pintura y dejé en el aire el porqué esta serie de post se llaman Caos.

También hablé de la evocación de ciertos momentos, de como la mente te puede llevar a lugares y traerte todas las emociones vividaS en ese momento incluso con olores y sabores. El otro día recordé uno de esos momentos relacionados con mi padre. Quizás por la fechas, quizás porque la primera visión de mi oficina tras la vuelta de las vacaciones me ha traído la palabra Caos y me ha vuelto este momento. No lo se, pero me apetecía contarlo aquí.

No puedo definir cuando ocurrió, se que aún vivía en casa, así que debió ser hace mas de 20 años con seguridad. No debía tener muchos años yo, quizás 10-15 años. Un niño. Mi padre siempre fue en casa, por lo menos para mi sobre todo con esa edad bastante desconocido. Se despertaba antes de levantarnos nosotros y se marchaba a trabajar. Rara vez venía a casa a comer y por la noche solía llegar cansado, ver un rato la TV, dedicar algo de tiempo a la pintura y poco hablábamos. En aquellos tiempos tampoco los padres mantenían con los hijos la relación de "amistad" que se mantiene hoy en día. Los padres eran los padres y los hijos los hijos.

Poco sabía de sus preocupaciones y motivaciones en la vida. Trabajaba y veía la tele. No lo digo con pena o con resentimiento. Al final, siempre estaba ahí cuando hacía falta, pero no conocía sus inquietudes, sus preocupaciones laborales y/o personales, si había crisis en la relación con su esposa (mi madre)... Todo era muy estable en aquellos tiempos. Papa y Mama estaban ahí. Mama encargada de la casa y Papa todo el día fuera trayendo el dinero a casa. Sencillo. Que sencillo era todo en aquella época a mis ojos.

De repente, una noche, algo turbo esa sencillez. Se escuchó algún grito que no provenía del cuarto de mis hermanas, discutiendo entre ellas, y un golpe. No se a que se debía, que estaba sucediendo, pero me dio miedo. El que gritaba era mi padre y no sabía que era ese golpe. En casa no teníamos ni idea de eso tan de moda ahora como son los malos tratos en el hogar. Alguna zapatilla de tela si que me había sobrevolado la cabeza alguna vez, pero nunca ni mi padre ni mi madre nos pusieron la mano encima mas allá de ese zapatillazo cuando llevabamos 2 horas discutiendo entre mis hermanas y yo sin obedecerles. Nada de esas cosas que se oían en otras casa como padres que golpeaban a sus hijos con los cinturones, en absoluto. Y, por supuesto, con mi madre tampoco. Me enorgullece decir que, con sus mas y sus menos, mi infancia y mi hogar siempre han sido bastante felices.

Aquella noche algo pasaba y, por lo poco que escuche, mi padre había llegado con alguna copa de mas y estaba discutiendo con mi madre. Yo me metí entre las sábanas e hice oídos sordos a lo que sucedía. Pasó la noche y a la mañana siguiente, mi padre se había marchado normalmente a trabajar. En la puerta del dormitorio de mis padres estaban las secuelas del golpe que había escuchado: un buen desconchón en la madera, fruto de un buen puñetazo que, por lo que se veía en la puerta, debió provocar también buenas consecuencias en la mano de mi padre. Efectivamente por la tarde comprobé los estragos del golpe en esa mano.

Pero aún mas que ese roto en la puerta, me impactó lo que encontré en la terraza. Sobre ese caballete del que normalmente aparecían caballos, paisajes, bodegones, retratos... había surgido el Caos. Como me gustaría en estos momentos poder dibujar y poner aquí una representación de ese cuadro. El blanco del lienzo había desaparecido totalmente. El fondo era una maraña de manchas verdes, marrones, azuladas, grises, ... todo en tonos ocres. Brochazos, trazos, manchas... como si una necesidad imperiosa de cubrir todo el lienzo lo antes posible se hubiese apoderado de mi padre. No quedaba ni un resquicio sin pintar. Y sobre este desorden de formas y colores, escrita de un solo trazo, no se si con un pincel grueso o con los mismos dedos, la palabra CAOS.

Yo me quedé totalmente impactado viendo ese cuadro, tan poco artístico, tan poco elaborado, pero tan lleno de emoción. No se que estaba pasando por esa cabeza mientras volcaba todos sus sentimientos en ese lienzo, pero estaba lleno de vida. Parecía que tanto el fondo como las letras aún se movían, como si estuvieran cargados de electricidad. Me quedé un buen rato mirándolo, entre maravillado y asustado. Entendí qué es el que, en muchas ocasiones, llega a ser lo realmente importante en una pintura o una fotografía: lo que es capaz de transmitir. No tanto la técnica o la fidelidad. Lo que realmente hace importante un cuadro o una foto es lo que pueden transmitir. Y ese cuadro transmitía Caos. Transmitía el Caos existente en la mente de la persona que estaba dibujándolo.

No tengo ni idea de cual era la causa de tal caos. Si nosotros, si el trabajo, si un mal momento en la relación con mi madre. No tengo ni la mas remota idea y, por supuesto, ya nunca lo sabré. Desde luego, nadie habló en casa de ese cuadro con mi padre cuando volvió (al menos que yo sepa). A la mañana siguiente, cuando volví a buscar el cuadro, ya no estaba. El lienzo volvía a estar blanco, recién pintado. Era algo que mi padre solía hacer cuando un cuadro no le gustaba o cuando había estado haciendo experimentos, volvía a pintarlo de blanco para reutilizarlo, la cosa económica no estaba como para andar tirando lienzos. No se si hoy en día ese Caos estará oculto bajo alguno de los muchos cuadros de mi padre que pueblan mi casa o la de mi hermana o la de cualquiera de las casa de los hermanos de mi padre, que tienen muchos cuadros pintados por el.

No se donde estará físicamente, pero si se que en mi mente, cada vez que algo me sugiere la palabra Caos, ese cuadro está grabado a fuego.

viernes, 8 de enero de 2010

Caos I: Mi padre

Llevo algunos días con ganas de escribir este post. Toca tema personal hoy. Toca hablar de la familia y, mas en concreto de mi padre.

Siempre me ha parecido impresionante la capacidad que tiene la mente humana de recordar cosas. No hablo de datos, de cifras, de palabras... hablo de imagenes, pero acompañadas de todo lo que aquella imagen llevaba consigo. La luz, las emociones, incluso los olores. Hay ciertas cosas capaz de evocarte un momento concreto con tal fidelidad que parece que vuelves a estar allí. Me sucede, por ejemplo, con un disco de Quincy Jones: Back on the block. Cada vez que comienzo a oirlo, mi mente se transporta a hace unos años, a otra casa, a un Domingo en aquella casa, comenzando a escuchar ese CD en el primer reproductor de CD's que tuve. Y recuerdo ese instante como si ya no estuviese aquí, ni fuese un día cualquiera. Es uno de esos domingos.

Supongo que serán estas fechas que acaban de terminar, que irremediablemente te hacen recordar a personas con las que no están, ya sea por las vueltas que da la vida y que han hecho que te separes de ellas, o ya sea porque la vida de alguna de esas personas ha terminado ya. Con mi padre, hablamos del segundo caso.

Para que entendáis ese momento, debo decir una pequeña cosa de mi padre: Era un artista. No de profesión, que se dedicaba a trabajos técnicos de electricidad, pero si de espíritu y aptitudes. Le daba lo mismo enfrentarse a un lienzo en blanco, que coger una cámara de fotos o video, que sentarse ante un piano o coger una armónica. El arte le salía. Siempre fue una de sus frustraciones, que ninguno de sus hijos habíamos heredado esta capacidad artística. Muchas veces hoy en día, cuando me peleo con el Gimp o el Photoshop para poner unas sencillas letras o retocar un poco el color de alguna foto, pienso que mi padre llegó demasiado temprano o se fue muy pronto. Viendo lo que era capaz de obtener de la fotografía analógica o lo que llegó a hacer con los mas que rudimentarios sistemas de edición de video analógico que teníamos (básicamente dos videos y una mesa con 10-12 efectos de mezcla entre los dos videos), no llego a imaginar lo que sería capaz de hacer con los medios digitales de hoy en día.

El tenía varias de las cualidades imprescindibles para esto: paciencia, tiempo y, sobre todo, arte. Donde mas se volcaba, su principal afición desde que era un niño y a la que mas tiempo dedicaba hasta que descubrió el Age Of Empires cuando se jubiló (lo del Age of Empires y mi padre es otra historia) era a la pintura. Sobre todo el oleo, aunque no le hacía ascos al pastel, carboncillo, acuarelas... cualquier arte plástica le servía para expresarse y pasar horas y horas.

Siempre buscaba un rincón en la casa donde poner su caballete y sus bártulos de pintura. Por desgracia, hasta que no comenzamos a marcharnos los niños no pudo por fin tener algún sitio algo mas estable, aunque la pequeña terraza de nuestra casa siempre fue su bastión. Siempre había allí un caballete o una mesa de dibujo. De este caballete es de donde surge el Caos que da título a esta serie de post que, de nuevo divido en dos post para que os resulte mas cómoda la lectura que, como me dijo este amigo, últimamente me sales escritos demasiado largos y densos de leer. Prefiero dividirlo en dos y así puedo expresarme con tranquilidad y no cargaros tanto en una lectura.

Mañana, explicaré de donde viene el título de estos post

jueves, 7 de enero de 2010

Una gota de agua

Micro post, solo para compartir este video que a mi me ha dejado alucinado.



domingo, 3 de enero de 2010

21 Días

El otro día deje pendiente concluir el artículo sobre Callejeros hablando de 21 Días, un programa similar pero del que ya dije que vi un toque algo diferente.

Como ya comenté, comparte el hecho de estar hechos cámara en mano, de se entrevistas poco preparadas y muy espontáneas, de dar un poco la impresión de estar metiéndose con la cámara de una forma algo indiscreta. En esto son muy similares, y cada vez hay mas programas así, pero lo que he visto de 21 días aporta algo diferente, el tono blogger. La chica esta Samanta Villar, aporta al "estilo callejeros" su toque personal. Por supuesto, habrá que ver cuanto de este toque es personal y cuanto es dirigido por la cadena/productora/redactores, pero el resultado es, para mi, excelente.

Tanto durante el reportaje, en diversos momentos del mismo, como en la conclusión, ella misma coge una cámara y se graba haciendo comentarios. Son reflexiones o anotaciones que hace ella misma sobre lo que está grabando o sobre el resultado final del reportaje. Al estilo totalmente videoblog. En algunos momentos incluso me han parecido inapropiados, por decirlo de alguna manera, estos comentarios. Son reflexiones puntuales que no se yo hasta que punto las personas que la han dejado grabar hubieran estado de acuerdo. Es como si invitases a alguien a tu casa y, en cuanto te descuidas, se pusiera a criticarte. Era extraño algunas veces, pero interesante.

Le daba un toque de naturalidad, de realidad, aun mayor de la que ya proporciona el "estilo callejeros". Francamente me ha gustado mucho, me ha enganchado la tipa esta, la Samanta Villar. Me ha gustado conocerla. Ha sido como engancharme a alguno de los blogs que recibo en mi reader, totalmente personales. Por supuesto, hablamos de un programa de TV. Todo lo que aparezca de realidad estará convenientemente tratado y preparado para que así lo parezca. Dudo que nada de lo que aparece en TV sea remotamente real, pero aún así, han conseguido engancharme totalmente.

Esperando estoy para ver el siguiente que creo que es el próximo lunes (mañana mismo).

sábado, 2 de enero de 2010

Callejeros

Bueno, pues el año no ha empezado todo lo bien que me gustaría. Mira que ayer tuve la nochevieja tranquila, con algo mas de comida de lo habitual, pero sin exceso total. He pasado el día perfectamente, he comido poco y creía que me estaba depurando bien, pero la depuración auténtica ha empezado a eso de las 9 y media. Me ha empezado a sonar la tripa y venga, a soltarlo todo. En fin, no daré mas detalles que son algo escatológicos, pero aquí estoy, conectado con el mundo gracias al portátil, postrado en la cama sin poder levantarme mas que cuando el estómago me obliga a ir al baño.

Tumbado en cama, sin nada mas que hacer, pues me he puesto a zapear. Poco que ver en la TV, pero me he enganchado a una especie de maratón de callejeros que hay en Cuatro. Entre un par de capítulos de estos callejeros, han puesto uno de 21 días. Reconozco que solo conocía estos programa de oídas. De callejeros si había visto algo en casa de un ámigo, pero de 21 días solo había leído alguna noticia por internet, por la polémica que surgió cuando a la chica han estado a punto de meterla en la carcel por uno de los reportajes. No me pidáis mas datos porque tampoco los conozco.

El caso es que el estilo de 21 Días, siendo muy similar al de Callejeros, ha tenido un toque que me ha gustado bastante y me ha hecho plantearme seguir el programa. Para los que no sepáis de que van estos programas, comentar que se trata de documentales realizados de una forma algo especial. Son un poco como documentales de naturaleza, pero sin naturaleza. El escenario son ciudades, casas, discotecas... cosas cotidianas, y los animales son personas. Rodado camara en mano, creo que solo con una cámara y la iluminación básica que puede proporcionar esa cámara con un foco y la luz natural. Sin guión preestablecido. Básicamente es ir de entrevista en entrevista, reflejando de la forma mas directa posible lo que se ve, transmitiendo sensaciones.

Es un estilo que está marcando escuela por lo que veo (no se si es propio de Cuatro o está importado de algún otro pais), pero por lo que se se está aplicando cada vez a mas programas y las cadenas están aplicando esa forma de hacerlo a algunos programas suyos. Me resulta curioso y atractivo verlos, porque se ven bastante directos, no creo que haya realmente mucho guión ni ningún tipo de acuerdo con los entrevistados, que en la mayoría son gente de la calle.

La maratón de hoy ha sido sobre el lujo. El primero que he visto ha sido recorrer el barrio de alto standing de La Moraleja, en Madrid, con sus tiendas, sus casas y hasta sus conventos. Luego han puesto uno de 21 Días, donde se han centrado en el lujo extremo, desde los que se gastan nosecuantos millones de euros en un barco o casi 1 millón y medio de euros en un reloj, simplemente por conseguir que sea exclusivo, hasta un empresario colombiano que tiene su propia isla, con un par. El último ha sido mostrar diferentes opciones de lujo pero mas asequibles, como relojes de 120.000 euros o un paséo de unas horas en Madrid, que sale por unos 900 euros. Que a compartir entre 4, con champan y copas incluidos, pues mira, hasta se lo puede permitir uno una nochevieja (bueno, algunos, conmigo no conteis).

En la página de Cuatro, podéis ver el reportaje de hoy, pero por si no tenéis ganas de moveros, os dejo un video similar, sobre el lujo en Marbella.





El caso es que quería hablar de lo de Samanta Villar, eso toque diferente que he visto en 21 Días respecto a Callejeros que me ha gustado, peeeeeero, como hay quien dice que hago los post muy largos últimamente, para hacer de nuevo la lectura del post mas llevadera, os dejaré con la intriga hasta mañana.