Si, estoy desmotivado. Muy desmotivado. Hablo, por supuesto, del terreno laboral.
Han hecho falta solo unos pocos días de vuelta a la rutina para darme cuenta de que lo que me sucede con el trabajo es sencillamente eso. Supongo que estas fiestas navideñas, en las que he tenido vacaciones, me han ayudado a ver las cosas con algo mas de perspectiva, fuera de la vorágine y el estrés diario. Como suele decirse, muchas veces los árboles no te dejan ver el bosque. He salido del bosque unos días y me he dado cuenta que lo que sucede es que, directamente, no me apetece trabajar donde trabajo y, en general, con la gente que trabajo.
Vale, a poca gente le gusta su trabajo, pero tengo que reconocer que a mi me gustaba. Me gustó durante los muchos años (13) que estuve en mi anterior empresa, y me gustaba bastante el trabajo que hacía en este. Pero ha llegado un punto en el que he perdido toda motivación.
¿Como me motivo? Pues viendo cosas terminadas, viendo trabajo bien hecho, viendo reconocido mi trabajo, haciendo día a día tareas a las que vea algún sentido y sintiendo que mi trabajo sirve para algo. Prácticamente ninguna de estas cosas se cumplen hoy por hoy donde estoy. Nunca me puedo marchar a casa con la sensación de el trabajo bien hecho y terminado. Por supuesto, en ningún trabajo se termina todo completamente. Mala cosa es irte a casa sin nada pendiente. Siempre quedan cosas por hacer, pero puedes tener un orden, puedes sentir que hay cosas terminadas, que lo de hoy está listo y que mañana será otro día. Aquí y ahora, no hay nada de eso. Cada día empieza igual. Cada día tienes muchas cosas pendientes del día anterior y, aunque no pare durante las 9 horas que estoy trabajando, me voy a casa con la sensación de no haber terminado nada de lo que empecé teniendo pendiente. Vas capeando el temporal del día, solventando papeletas, liquidando asuntos sobre la marcha, y te das cuenta que al final no has hecho nada de lo previsto.
Pero lo peor del tema es cuando nada de lo que has ido solventando se ve reconocido. Cuando llega una reunión y solo te echan en cara todo lo que NO has hecho y en ningún momento ves reconocido todo lo que SI has hecho durante el día. Ya lo he dicho aquí mas de una vez y se que todos coincidís en que es normal que los jefes no reconozcan el trabajo, pero es que ya aburre, desmotiva. Aún no he vivido este año ninguna de esas broncas, pero se que llegarán, porque siempre es igual.
En la famosa comida de empresa, el gerente tuvo unas palabras de reconocimiento para algunos compañeros a los que nunca nos dice nada bueno, yo entre ellos. Y vale, se agradece. Pero, ¿sabéis una cosa?: La moral y el ánimo de los trabajadores es un poco como la amistad o el amor. No vale de nada regalar un inmenso ramo de rosas rojas el día de San Valentín a tu pareja. No vale demostrar el cariño una vez al año y luego dedicar los 364 días restantes a descuidar ese cariño. La amistad y el amor hay que cuidarlos como a las plantas, con un poquito de cariño a menudo, no con dar un chutazo de abono una vez al año. De poco sirve eso.
No quiero parecer desagradecido. Por supuesto, agradezco aquellas palabras, pero creo realmente que no hubieran sido necesarias si mas a menudo se notasen gestos mucho mas pequeños que fueran alimentando el ánimo para enfrentarse día tras día al duro trabajo. Se que esto no se producirá, tuve otro ejemplo el pasado viernes de esta falta de reconocimiento, y por eso me desmotivo. Y me da mucha rabia.
Principalmente me da rabia porque el ambiente podría ser mucho mejor. Porque el trabajo en si podría gustarme. Porque muchas veces pienso que podría hacer muchas mas cosas si el trabajo estuviese bien organizado. Porque creo que podría llegar cada mañana con ganas de trabajar y hacer cosas. Porque estando a gusto no me importaría dedicar ahora un par de horas a trabajar en casa organizando las muchas cosas que me gustaría hacer en la empresa (página web, correos, actualizar ordenadores, listados de control de albaranes, actualizar la contabilidad conectándome a la oficina...) Pero para esto hace falta motivación, y es algo que, por mucho que busco, no encuentro.
Y no estoy deprimido, solo desmotivado. Seguiré haciendo mi trabajo, porque no me queda otra, y seguiré viendo pasar los días uno tras otro esperando que pasen las horas de trabajo para poder hacer cosas que realmente me motiven y que, por supuesto, no tendrán nada que ver con el trabajo.
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