Me he mudado



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sábado, 31 de octubre de 2009

¿Sería un buen jefe?

Es lo que tiene tener algo de buena compañía mientras uno trabaja. Se puede trabajar igual que estando solo, pero mucho mas a gusto, conversando y charlando sin necesidad de dejar de trabajar. El otro día, en estas conversaciones con la nueva compañera, hablando de todo un poco y de la empresa en particular, me dijo que como jefe no valdría porque me tomarían por sopa, que seguramente no me acabaría de imponer. Rápidamente dije que no, pero el gusanillo se me quedó ahí pendiente y se me ha ocurrido escribir este post.

Mi principal argumento al respecto es que sería mucho mas cabrón de lo que la gente se pueda imaginar, y para explicarlo, tengo que remontarme a hace unos años, cuando no trabajaba en mi empresa actual.

Creo que me puedo enorgullecer de haber trabajado solo en dos empresas desde que empecé mi vida laboral (no cuento las prácticas de empresa en el instituto). Y me enorgullece especialmente porque de mi anterior trabajo me fuí después de 13 años, porque quise, de buenas maneras, dejando buenos amigos y con las puertas abiertas por si quería volver algún día. En esta empresa, nuestro jefe era bastante "característico", como diría alguien que conozco. Todo un personaje, liánte, embaucador, un auténtico vendedor de crecepelo de feria. Era capaz de vender a arena en el desierto si se lo proponía, pero siempre tenía un punto positivo. Tampoco engañaba a la gente hasta arruinarla, sabía hasta que punto podía apretar a cualquiera sin llegar a reventarlo. Un crack para los negocios como empresario.

Como jefe, tenía también una mentalidad muy particular. Durante todo ese tiempo, una vez que pasaron los primeros años y cogí experiencia, me sentí mi propio jefe. El sabía perfectamente delegar, que trabajo dar a cada uno y como hacer que te sintieras responsable de él. Aunque teníamos un horario, el prácticamente nunca estaba allí para controlarnos. El asignaba tareas que cada uno tenía que cumplir, además de lo que iba surgiendo día tras día. Tu te lo montabas como quisieras, el solo quería ver los resultados, le daba igual como lo hicieras. Y rara vez se metía en medio de como tu te organizabas. Solo cuando surgía una prioridad para el (que siempre eran justificadas), te obligaba a dejarlo todo para atender su urgencia.

Durante todo el tiempo que estuve allí, nunca faltó trabajo. Por supuesto había días mas tranquilos, pero también días mas complicados. Aún recuerdo esa noche que pasamos integramente en vela en Burgos, a 0 grados, trabajando un compañero y yo en la habitación de aquel hotel, para poder llevar el ordenador listo a las 8 de la mañana al cliente que lo estaba esperando. Fue un imprevisto, pero nosotros sabíamos que teníamos que hacerlo, fuera como fuera. No necesitamos que el nos llamara para decirnos "quedaos sin dormir, que eso tiene que estar listo", sabíamos que teníamos que hacerlo. Punto. O los sábados y domingos trabajando a partir de las 10 de la noche en un almacén de muebles para preparar los ordenadores. Nosotros mismos nos imponíamos esos horarios cuando era necesario. Luego, llegaba un día que estabamos mas tranquilos, o que necesitabamos hacer una compra o unas gestiones y el jefe tampoco se metía en eso.

Sabía perfectamente que podía contar con nosotros y que no le fallaríamos. Cuestión de confianza en su equipo. Pese a los muchos puteos que me llevé y al mucho trabajo (a la larga, si sumabas lo que aportabas de mas con lo que podías tener libre, siempre salía ganando la empresa), le sigo guardando mucho cariño a ese jefe de tantos años y a su forma de trabajar. El supo montar un equipo en el que podía confiar, porque no era solo yo, éramos todos los compañeros por igual, todos a una cuando hacia falta, pese a las rencillas y encontronazos habituales en cualquier trabajo. Y esa sería mi mentalidad de jefe: hacer un equipo, selección. Y directamente en quien no pudiera confiar, no estaría en ese equipo.

Vi mucha gente entrar, durar unos meses y salir por la puerta de atrás. Porque no se podía confiar en esas personas. Por supuesto, no hablo de robar o cosas así, hablo de confianza a nivel de equipo. Yo, como jefe, tendría la misma actitud. Un jefe no puede tener un equipo al que tenga que estar azuzando día tras día para que trabaje. Tampoco puedes obligar a la gente a trabajar al 150% durante todo el tiempo.

Es como los coches. Puedes llevarlos un rato a 180KM/h, pero si los llevas siempre a esa velocidad, acabas quemándolos. Igual con las personas. Pero si es bueno llevar el coche a 100Km/hora sabiendo que, si lo necesitas en un momento puntual, el coche te dará caballos de mas para salvarte de una situación de peligro.

Por eso digo que, seguramente, yo sería un jefe muy cabrón, porque no me dolerían prendas en ningún momento para deshacerme del lastre, de la gente en la que no pudiera confiar. En mi empresa, por ejemplo, yo me desharía de unas cuantas personas. Así de claro. Les daría su oportunidad, les haría ver lo que quiero y observaría si son capaces de responder. Si no lo hicieran, haría como mi antiguo jefe: salida por la puerta de atrás y que entrara otro a ver si responde bien. A los que respondieran como yo espero, sin duda los mimaría y cuidaría, pero los que no valen, no los necesito. No supondrían mas que un lastre para que todo el equipo funcione bien.

Yo creo que, como jefe, a lo que mas importancia tienes que dar es a la gente, es el principal valor de una empresa. Si alguien vale, tienes que cuidarlo, recompensarlo, hacerle saber que lo valoras, darle confianza y demostrarle que confías en el. En cambio, la gente que no vale es como una mala hierba en el jardín, hay que cortarla para que no crezca y no contaminen al resto

Por lo que he visto en mi antiguo y en el nuevo trabajo, creo que si serviría como jefe. Me veo capaz de motivar a la gente a trabajar, de hacerles ver a cada uno lo importante que puede ser (porque realmente lo creería), y también me veo capaz de deshacerme de las malas hierbas. No se.

De todas formas, como ya he dicho en alguna ocasión, no quiero ser jefe. No me apetece. Prefiero que me paguen a final de mes y no calentarme la cabeza. Soy muy cómodo en ese sentido. Pero si tuviera que serlo....

miércoles, 28 de octubre de 2009

Bienvenida

Hoy me gustaría dar la bienvenida a una nueva visitante que, por lo que veo en las estadísticas de la página, ha pasado un buen rato por aquí leyendo entradas. Como es habitual, no voy a dar nombres, pero como suele decirse, a buen entendedor, pocas palabras bastan y sin duda sabe a quien me refiero.

He de reconocer que le he dicho la dirección de este "hogar virtual" con una mezcla de miedo y alegría. El miedo era por varios factores, pero principalmente por lo que pudiera descubrir y saber de la parte mas privada de mi, especialmente en lo referente a mi trabajo, ya que pertenece a este entorno, aunque pienso que no le ha debido sorprender nada y si algo no debe divulgarse, creo que sabrá ser lo suficientemente discreta. Como hace años me dijo un compañero de mi antiguo trabajo, tengo un serio problema: confío en la gente hasta que me demuestran lo contrario, lo cual ha hecho que me lleve muchos palos en la vida. De todas formas, con esta nueva amiga me pasa un poco lo que describí en esta antigua entrada. Además, tengo la mala costumbre(o buena, el tiempo lo dirá) de no repasar nunca lo que escribo. Suelto aquí lo que me apetece y como me da la gana, así que son como las palabras de un borracho: dichas sin pensar mucho y siempre sinceras.

Por otro lado, la alegría ha sido la sorpresa de descubrir que estaba interesada en leer este blog. Es extraño, pero varios de mis grandes amigos/as no se han mostrado nunca interesados en leerlo, pese a conocer su existencia. Y eso, en cierto modo, me apena. Si pudiese conocer esas confesiones "intimas" de esas personas a las que no les interesa mi blog, a mi me encantaría, así que no se bien como tomar que esas personas no se muestren interesadas. No es que escriba esto para que lo lean, pero me entristece un poco ver esa falta de interés. Por eso me ha alegrado y sorprendido ver que s de esta nueva amiga le apetecía conocer este blog.

Total y resumiendo, que me alegra tener a esta nueva visitante por aquí. Las puertas del Hogar de Dagarín estarán siempre abiertas para ella y espero que esta nueva amiga, con el paso del tiempo, se convierta en una vieja amiga, porque pese a que las circunstancias nos separarán en breve, gracias a cosas como esto de internet, facebook y similares, el contacto no tiene porque perderse.

Bienvenida a mi hogar.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Pitufo Mixto

Supongo que cualquier director de marketing blogero diría que el título de este post no es nada comercial. No es autoexplicativo, seguro que no incluye las palabras mas buscadas en Google y todo eso, pero como no tengo director de marketing y las audiencias en este blog me importan un comino, pues titulo como me ha parecido oportuno.

Echad un vistazo a esta imagen clásica de Málaga.



Supongo que a los que no seáis malagueños, conozcáis un malagueño o llevéis un tiempo en Málaga, no os dirá nada, pero tiene su motivo. Es uno de los grandes problemas que tenemos la gente de aquí en cuanto salimos de nuestro habitat natural y salimos de nuestra ciudad. Resulta que aquí el café nos gusta como nos gusta. Normalmente, cuando sales de aquí el café se toma solo o con leche, pero aquí somos algo mas complicados. Hay a quien le gusta mucho cafe y un pelín de leche para darle color, a quien le gusta un vaso de leche prácticamente con un poco de cafe, a quien le gusta mas cafe que leche o mas leche que cafe, pero a partes casi iguales. Y por supuesto está a quien le gusta el café solo. Pues está locura de llegar a un bar y pedir el café exactamente como te gusta, se soluciona con un cuadro como este. Si te gusta un café con un poquito de leche, pides un cortado o un largo. Si en cambio quieres un vaso de leche con una pizca de cafe, pues pides una nube.

Y todo esto y el título del post viene de pensar en lo diferentes que llegamos a ser en España de una zona a otra, donde creo que hay que hacer un curso antes de pedir algo en una ciudad que no sea la tuya. Aún recuerdo cuando pedí un sombra en un pueblo de Sevilla y me encontré como, en lugar del vaso de leche con café me encontré un café con coñac que fuí incapaz de tomarmelo, porque eso era un sombra por allí. O cuando pedí un pitufo mixto (primero tuve que explicar que era un pitufo) en una cafetería de Madrid y me pusieron una viene con mantequilla y mermelada, que es el "mixto" por allí.

Y viene porque el otro día, comentando con una nueva muy buena amiga sobre el pitufo mixto que le acababan de poner, recordó cuando en Barcelona le pusieron una viene con tomate y jamón serrano (lo que aquí llamamos "una catalana").

Y me resulta muy curioso pensar que a veces seamos tan diferentes viviendo en el mismo pais y hablando, en teoría, el mismo idioma. Ojo, que no digo que sea malo, simplemente me fascina y me apetecía compartirlo con vosotros/as.

viernes, 9 de octubre de 2009

Me estoy haciendo mas cruel

Ya lo decía Alejandro Sanz en la canción que cantaba Malú, que "con el paso de los años, me estoy haciendo mas cruel". No se si cruel, pero si algo mas frío, escéptico, incrédulo... no se bien como definirlo. De nuevo me encuentro en la coyuntura de no poder dar rienda suelta total a lo que quiero expresar dado que esto es público, pero a su vez me apetece contarlo y compartirlo con el mundo mundial y los millones de seguidores de este blog, así que a ver que me sale cuando termine esto.

El caso es que hace unos años, me afectaban mas algunas cosas. El llanto de alguien conocido, una sonrisa, una queja... creo que poco a poco me voy haciendo emocionalmente algo mas estable y no dejo que me afecten tanto algunas cosas (se que no es la primera vez que lo comento, pero así me siento). Hoy he vivido una situación que hace unos años me hubiera afectado mucho mas de lo que lo ha hecho hoy. No se si por frialdad o por conocer ya demasiado a esa persona, hoy ha habido unas lágrimas que no han llegado a afectarme en absoluto. Se que hay gente mas o menos emocional, que las lágrimas para unas personas son algo mas bien habitual y una forma de liberar tensión, pero lo cierto es que las de hoy no me han conmovido.

Como todo en esta vida, llega un momento en que te haces inmune a ciertas cosas. Es curioso, porque hace un par de días vi otras lágrimas que si me llegaron al corazón y me hicieron conmoverme. Precisamente por surgir de unos ojos de los que creo que es la segunda vez en muchos años que los veo llorar. En ese momento, si te das cuenta que la cosa está realmente muy muy mal. Los de hoy no es la primera, ni la segunda no la vigésimocuarta vez que los veo inundarse de teórico dolor, pero ya han perdido mucho valor para mi. No veo sentido a unas lágrimas tan frecuentes, llegan a perder su efecto preocupante de cara a mi. Han sido tantas veces las que he visto llorar a esa persona que me parece que me he inmunizado, porque se que finalmente pasará y se resolverá solo, independientemente de lo que yo haga o deje de hacer.

Ojo, no digo que se traten de lágrimas de cocodrilo, que no lo eran en absoluto, pero es un poco como el llanto de un bebé. Ellos no tienen mas lenguaje que el corporal, la risa y el llanto. Se mueven por instinto y cuando quieren algo, lloran como único recurso. Cuando algo les duele, lloran, y es realmente difícil saber si lloran simplemente porque les duele un poco la tripa o porque se haya fracturado un brazo con un golpe tonto. Cuando crecemos, creo que las lagrimas, gritos, ira.. los recursos emocionales, debemos aprender a controlarlos y utilizarlos sólo cuando la situación lo requiera. Cuando crecemos, no lloramos porque nos duela la cabeza, pero si llegamos a hacerlo si se nos ha partido el tobillo por una mala caída.

Con las emociones, igual. Creo que parte de madurar consiste en aprender a controlarlas, en saber cuando interiorizarlas y compartirlas con quien realmente nos puede ayudar, o cuando exteriorizarlas de manera desesperada porque no podemos controlarla o como llamamiento a una ayuda desesperada de quien sea. Cuando esas lágrimas se llegan a disparar sin motivo aparente o, aunque el motivo sea realmente grave, las soltamos delante de cualquier persona que no conoce la situación y que no llegamos a explicarselas, empiezan a carecer de valor.

Creo que me gusta la gente mas equilibrada, la que sabe guardar sus problemas personales para cuando está con la gente adecuada o que, ya que muestra esos problemas en forma de lágrimas, es capaz de compartir luego el motivo. Si no, lo único que se consigue es crear una situación incómoda y absurda en la que alguien llora y el resto está a su alrededor sin saber porque, ni que hacer ni como ayudar. Y si encima esa situación se repite con cierta asiduidad, acaba provocando que se "huya" de esas situaciones, intentando ignorar esas lágrimas.

Ya lo dije al principio, creo que me estoy haciendo mas cruel cada vez.



martes, 6 de octubre de 2009

¿Te gusta conducir?

Es el slogan que desde hace unos años utiliza BMW como frase final de sus anuncios. Y a mi me parece de lo mas acertada. Apela, como marcan los cánones de las grandes marcas, al sentimiento mas que a la razón. No se trata tanto de vender las cualidades del producto, que se presuponen en una marca como BMW, como a marcar la diferencia emocional, a que te apetezca comprar esos coches porque comparten tu sentimiento de pasión por la conducción.





Yo no tengo un BMW, y al paso que voy dudo que nunca llegue a poder tener uno, pero si que me gusta conducir. No me gusta, me encanta. Desde siempre me ha gustado ir en coche los fines de semana cuando no tenía edad de conducir y era mi padre el que nos llevaba. Desde que tuve carnet siempre me ha gustado coger el coche por que sí, sin tener necesidad de ir de un sitio a otro, por el simple placer de poner música o la radio y disfrutar de la carretera, fuera la que fuera.

Hoy en día, cambio el coche por la moto, pero me sigue encantando. Salir a la carretera sin tener claro donde quiero ir y comenzar a sentir ese relax. Cada curva, cada bache, cada reacción del coche/moto. Se que la mayoría de la gente solo ve su coche como una forma de ir de un sitio a otro, pero para mi siempre ha sido mucho mas. No soy de los que me gusta tunearlo ni nada de eso, ni siquiera soy constante con su mantenimiento. No me gusta abrir el capó y revisar líquidos y esas cosas. Eso lo dejo para los mecánicos. Sin embargo, el coche para mi es mucho mas. Sonará raro, pero en cierto modo tienen su personalidad y su carácter. Sin ir mas lejos hace unos días salí en carretera con la moto y llevaba tiempo sin hacerlo. Cuando abandoné la ciudad y la moto entró en autovía y pude darle gas, sentí como se alegraba, como se desperezaba. Si fuera una persona, sería como si estuvieras apoltronado en casa y de repente salieses a dar un buen paseo, notando como los músculos se van estirando y como empieza todo a funcionar después de la inactividad.

Para mi, mi moto o mi coche es capaz de transmitirme esas emociones, puedo sentirlas. Y me gusta.

Posiblemente sea muy raro y con seguridad nunca tendré un BMW, pero desde luego me gusta mucho conducir.

viernes, 2 de octubre de 2009

Hablar por hablar

Dios como me desespera la gente que habla por hablar. Seré raro, pero me suele gustar el silencio, la calma, la tranquilidad. No se quien. En cuestión de palabras, prefiero la calidad a la cantidad. No me importan los silencios no me resultan incomodos generalmente, solo algunos.

Y todo esto viene porque hay gente que parece que le dan cuerda, como decimos por aquí. No para de hablar, no deja espacios entre unas ideas y otras, no tienen medida a la hora de hablar. Y sobre todo, si el tema de conversación son ellas mismas, apaga y vamonos. Podrías dejarlas hablando solas ante un servilletero que iban a disfrutar igual. La cuestión no es el dialogo y el conversar, no. La cuestión es decir muchas palabras una detrás de otra. Y tu metes un tema por medio, intentas cambiar de conversación o simplemente das tu opinión, pero da exactamente lo mismo. Como si oyeran llover. Siguen a lo suyo.

Como me cansan, la virgen.